«Los Anillos de Poder»… los temas ausentes, ¿están censurados?

adminseptiembre 3, 202218min200
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Ya hemos visto los dos primeros capítulos de Los Anillos de Poder. Mi opinión general creo que coincide con la de la gran mayoría de los críticos de cine y de los fans de Tolkien.

Es la teleserie más cara de la historia de la TV, y efectivamente, la música, los decorados, los paisajes, los trajes, los escenarios impresionantes, atuendos, joyas, mobiliario… sí, podrían ser la Tierra Media de Tolkien, nos hacen desearla, anhelarla, visitarla.

Varios personajes dicen que hay sanación en la belleza, y es cierto: hay suficiente belleza visual para esponjar el alma.

Pero en el guión, los personajes y sus peripecias hay poco de Tolkien. Como dice el crítico de Hipertextual.com: «Se echa de menos la densidad, emocional y metafórica de Tolkien». Por eso muchos fans, al salir de los pases previos, decían: «Es un mundo de Alta Fantasía, pero no tiene sabor a Tolkien».

Por el momento, parece claro que se despejan las dudas sobre sexo y violencia «a lo Juego de Tronos«. La violencia es la propia de una historia de fantasía, vigorosa pero casi sin sangre. No hay sexo y desnudos. Galadriel nada en el mar con una molesta túnica larga de bautismo, como una clara declaración de intenciones: «No vamos a poner elfas en bikini». ¡Gracias! 

Parece claro que quieren llegar a todos los públicos, incluyendo los niños, que pueden identificarse con los simpáticos pelosos nómadas y su cultura de camuflaje y saqueo de bayas.

Cada capítulo está cronometrado: un rato de tensión amorosa, un rato de miedo con monstruo, un rato de acción, un poco de suspense investigador, un rato simpático con los pelosos y algo de alivio cómico con los enanos.

Las escenas de miedo con mujer y niño y monstruo en el segundo capítulo nos recuerdan que estamos viendo la obra del barcelonés Bayona, el de El Orfanato. También Peter Jackson empezó con terror gore (con humor grotesco). Se supone que dentro de varias temporadas todo se irá poniendo cada vez más oscuro.

Van a intentar, además, emular los grandes temas que impulsaron quizá más las películas que los libros tolkinianos.

Vemos aparecer un objeto maligno seductor (uno que no está en la obra de Tolkien). Gente inocentona va intentar usarlo, sospechamos.

Galadriel se siente impulsada por un deber irrevocable… pero mientras que Frodo era enviado a la misión por el destino, la herencia de Bilbo y el Concilio, esta Galadriel es empujada por una manía vengativa, y casi contra las órdenes de sus superiores. Es su cruzada personal, no una misión encargada por su pueblo.

Hay ausencias llamativas y cosas difíciles de encajar con el corpus tolkiniano.

Desde un punto de vista narrativo y religioso, lo más gordo es la desaparición de los Valar. Se habla de Valinor, las Tierras Imperecederas más allá del mar donde los barcos grises llevan a los elfos para vivir en beatitud. Incluso vemos sus ciudades y árboles de luz, y hay hermosura en el viaje de los elfos hacia allá.

Pero nadie dice una palabra de los Valar, los gobernantes angélicos que han visto la cara del mismo Dios y gobiernan a los elfos.

Nos dicen que los elfos llegan a la Tierra Media persiguiendo a Morgoth… pero no explican que lo hacen en desobediencia a los Valar y matando a sus hermanos para robar sus barcos.

La Galadriel de Tolkien es una penitente en la Tierra Media intentando compensar el mal que muchos de los suyos hicieron. De hecho, es la única que sigue viva de los grandes líderes que llevaron a los elfos Noldor al exilio (Gil Galad o Celebrimbor sólo seguían a sus padres).

En estos capítulos nadie dice nada de los Valar, del pecado original de los elfos, la matanza entre hermanos (Galadriel misma pertenece a los dos linajes que se mataron). ¿Lo explicarán más tarde?

Desaparecidos los Valar, la cosmología y simbología religiosa (la confianza, la desobediencia) quedan muy cambiados.

La serie no dice nada tampoco del esposo de Galadriel, Celeborn, casado con ella en Doriath en la Primera Edad y de su hija, Celebrian.

Si el reino de Eregion ya ha sido fundado, como vemos, debe ser el año 700 de la Segunda Edad. Celebrian nació unos 400 años antes y se casará con Elrond dentro de 3.100 años, para dar a luz a su hija Arwen un siglo después (que será esposa de Aragorn). Hay cosas de las que Tolkien escribió múltiples borradores, pero que Galadriel estaba ya casada antes de empezar la Segunda Edad y que viajaba por la Tierra Media con su esposo fundando reinos es algo bien establecido.

El caso es que a los cineastas les parece molestar que Galadriel tenga esposo e hija (aunque tenga la «niña» 400 añitos). ¿Aparecerán más adelante en la serie?

No parece, puesto que vemos que a Galadriel se le da un grandísimo premio y se la sube a un barco gris, sin que su esposo aparezca por ningún lado: no es que Celeborn esté de viaje, es que han decidido que no exista.

No queremos familias empoderadas, ni matrimonios unidos que viajan juntos, gracias, queremos adolescentes rebeldes, más Éowyns por favor’. Sí, enfadada por la muerte de su hermano. En El Silmarillion vemos que sus 4 hermanos murieron en la guerra (Finrod preso en Tol-In-Gaurhoth, Angrod y Aegnor en la Batalla de la Llama Súbita, Orodreth en la Caída de Nargothrond). Tanta familia parece molesta, así que la teleserie lo deja en un solo hermano al que ni siquiera nombran.

En fin, insistimos: la familia molesta. (También Peter Jackson borró a los hermanos de Arwen, pero él sólo tenía 3 películas, no 5 temporadas de teleserie).

¿Son razones narrativas audiovisuales? ¿O es que ahora tendemos a invisibilizar las familias fuertes?

En la Tierra Media de Tolkien, como en todas las sociedades antes de la postmodernidad, la gente tiene familia y linajes y arrastra sus historias familiares.

En estos dos capítulos Elrond es uno de los personajes principales… y nadie le llama por su nombre más común: Elrond Medioelfo. Porque tanto su padre como su madre eran también medioelfos. Habría que contar sus historias.

Nos dirán que no hay tiempo -o derechos legales- para contar todas las historias de Galadriel, Elrond y sus familias (que son apasionantes). Pero en cambio sí hay tiempo para inventar historias irrelevantes como la absurda relación entre un elfo afrocaribeño y una mujer mortal en la frontera del sur. Creo que a ningún fan de Tolkien le importa gran cosa lo que les pase a esos dos. Incluso un personaje dice que están -dice textualmente- «acaramelados».

Lo que nos lleva al absurdo tema racial que han lanzado en la serie, como en tantas otras de los últimos 5 años.

Nos obliga a una forzosa suspensión de la incredulidad, como si viéramos a los elfos con metralleta.

Es como los musicales: de repente gente desconocida baila y se saben todos los pasos y la letra, y el público se dice «es un musical, es así». Pues ahora hay sociedades multirraciales premodernas por doquier sin razón alguna, en la ficción, y hay que creérselo porque «es una serie anglosajona de la época woke y es así».

Entre los pelosos vemos que los hay blanquísimos y negrísimos: no son de distintos clanes, culturas o procedencias; son así y punto, pese a compartir hábitos, clima, etc…

Lo mismo con los humanos del sur: hay blancos, negros y hasta un chaval de ojos achinados.

También entre los elfos vemos algunos negros, que no sabemos de dónde salen ni por qué. Y entre los enanos.

El capítulo 2 deja claro que la reina Enana Dísa no es una princesa llegada de un lejano clan de enanos muy al sur, de tierras quemadas por el sol, de una raza rica en melanina creada por el Vala Aulë para trabajar la piedra bajo el sol. No, ella es de Khazad-Dûm, como el resto de los enanos (por cierto, ¿por qué los elfos no usan el nombre elfo, Hadhodrond?).

Los enanos fueron creados para vivir y trabajar principalmente bajo tierra. Los elfos despertaron a la luz de las estrellas, antes de existir el sol. Ambas razas despertaron unos 2.000 o 3.000 años antes de los hechos de la teleserie. No necesitaban melanina para protegerse del sol, no había sol en esa época.

En nuestro mundo, una sociedad multirracial surge en época premoderna cuando un imperio de una o varias razas conquista pueblos y permite cierta transferencia de población, o bien cuando se crea un importante tráfico de esclavos, o en algunos casos de talasocracias, que suelen ser esclavistas también. Excepto en esos casos, sólo las embajadas de grandes señores mostraban personajes de razas lejanas (y eran tan raras que eran motivo literario y pictórico, desde la Reina de Saba).

Los guionistas de Los Anillos del Poder meten negros y blancos juntos en las sociedades de la Tierra Media (en todas, sean enanos, humanos, hobbits o elfos) porque así lo ven en Estados Unidos. Es como ponerlos mascando chicle o comentando vídeos de Tik Tok. Pero no muestran elfos lapones, gitanos, inuit o vascos, ¿por qué? Yo quiero elfos catalanes del Guinardó o no me sentiré identificado. Bayona y su equipo deberían haberlo exigido.

Es todo absurdo y da pereza tener que hablar de ello. Pero insistiré.

Podrían haber creado pueblos negros al sur y orientales achinados al este, encaja con la obra de Tolkien. Sauron impulsará muchas ciudades al sur. Y los númenóreanos, siglos después, al perder sus tradiciones morales, practicarán la esclavitud, lo que justificaría el desplazamiento de población. Pero los guionistas no han querido esperar ni usar la lógica.

Lo más ridículo de este debate es cuando los críticos dicen «es un mundo de fantasía y todo es posible». Lo que demuestra que no saben nada de fantasía mientras que Tolkien sí sabe mucho. ¿O hay que pensar que un enano puede tener 3 brazos y un elfo teleportarse porque, después de todo, es fantasía?

La fantasía también tiene sus reglas. Si rompes demasiadas, simplemente, se rompe el encanto y lo que ves es, simplemente, gente disfrazada en escenarios y guionistas cumpliendo cupos y cuotas.

Voy a ver la serie, con la sensación -como tantos fans- de que deberían haber creado su propia serie de fantasía hermosa para todos los públicos, sin sexo ni violencia extrema, con elfos, dragones, romance, terror, monstruos, todo eso, pero sin recurrir a los nombres y topónimos de Tolkien.

Nos han seducido los paisajes y escenarios… colonizarán nuestra imaginación, pero esas imágenes las aplicaremos, quizá, a las verdaderas historias. Las de estos guionistas sólo parecen entretenimiento para unos ratos.

Decía el Papa esta semana a unos músicos y cineastas que el arte debe pinchar y llevar a la contemplación. La obra de Tolkien lo hace. Esta teleserie, no.

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