Los siete hitos que marcaron el fugaz papado de Juan Pablo I, «profeta de la Nueva Evangelización»

adminseptiembre 3, 202219min180
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El próximo domingo tendrá lugar la ceremonia de beatificación de Juan Pablo I, Papa número 263 de la Iglesia que pasaría a la historia, entre otros motivos, por su breve reinado de 33 días entre el 26 de agosto y el 28 de septiembre de 1978. 

La ceremonia será presidida por el Papa Francisco y tendrá lugar en la Plaza de San Pedro a las 10:30 (hora local). Durante la misma, la Postulación entregará a Francisco una reliquia del nuevo beato. Pocas horas antes de la celebración, a las 18:30 horas del sábado, tendrá lugar una vigilia de oración en la basílica de San Juan de Letrán, presidida por el Cardenal Angelo De Donatis -Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma-, en la que el próximo beato tomó posesión como Sumo Pontífice.

Destacamos siete aspectos y curiosidades fundamentales de su papado:

1º El Papa de la sonrisa

Quizá uno de los aspectos más extendidos de la figura de Juan Pablo I es apodo por el que sería mundialmente conocido poco después de asumir el papado, «el Papa de la sonrisa«. No fueron pocos los reporteros y periodistas que remarcaron este aspecto de Albino Luciano: desde su primer saludo a los peregrinos como Pontífice hasta en los pocos encuentros y oraciones públicas que marcaron su breve pontificado, su sonrisa siempre estuvo presente.

Lejos de ser fingida,  numerosos testimonios personales recogen como la sonrisa presidió la vida de Luciani, ya fuese como Papa, como cardenal o incluso durante su niñez y juventud con la familia. Su sobrina, Amalia Luciani, lo recuerda como «un tío especial, de esos que todo el mundo desearía tener». Al punto que «cuando volvía a casa nunca reprochaba nada a nadie, al límite tenía una cara seria y preocupada, siempre le volvía la sonrisa».

Recuerda, en fin, que «siempre estaba sonriendo» y que siempre animaba a sus sobrinos cuando ellos o él mismo tenían dificultades: «Nos escuchó, nos aconsejó y nos animó a ser pacientes, a afrontar las cosas y a confiar en la ayuda de Dios».

Juan Pablo I.

Periodistas, familiares y fieles recuerdan con el mismo nombre al Papa más fugaz de la historia contemporánea, Juan Pablo II, «el Papa de la sonrisa». 

2º Una sencillez y humildad alabada por fieles y pontífices  

Se podrían detallar decenas de ocasiones en que Juan Pablo I profesó una extraordinaria humildad, viviendo en su día a día el que sería su lema papal, humilitas. Siendo Patriarca de Venecia, su sobrina relata una ocasión en la que le acompañó a una reunión. Los presentes se alarmaron ante su aparente retraso, cuando descubrieron que estaba al fondo de la sala, en un rincón, rezando el Rosario esperando al comienzo de la asamblea.

Un episodio semejante tuvo lugar cuando una monja acudió a su sobrina Pia para que convenciese a su tío de comprarse calcetines al estar rotos todos los que tenía: «La monja me contó que lo había intentado, pero que él le había dicho: «`Hermana, eres tan buena con la aguja, encuentra la manera de arreglarlas de nuevo y luego con este dinero haremos feliz a algún pobre. Cuando ya no aguanten más, vamos a ver qué podemos hacer´».

Uno de sus sucesores, Benedicto XVI, recordaría precisamente la humildad de Juan Pablo I como uno de sus rasgos más destacables: «La sencillez de Juan Pablo I fue un medio de instrucción sólida y fecunda, que, gracias al don de una excelente memoria y de una vasta cultura, se enriqueció con numerosas citas de autores eclesiásticos y seculares».

Existen otros episodios similares que muestran la gran humildad de este Papa, llegando a ser monaguillo de su secretario personal.

3º Pionero de la Nueva Evangelización

John L. Allen, en su artículo Desmintiendo cuatro mitos sobre «el Papa de la sonrisa«, destaca que aunque Juan Pablo I no usó literalmente la expresión «Nueva Evangelización«, realmente fue mucho más que el precursor de la misma, ya que «la enseñó y la puso en práctica». De hecho, la mañana siguiente a su elección pronunció un discurso ante el Colegio Cardenalicio  recordando «a toda la Iglesia que su primer deber sigue siendo la evangelización».

Pero su proyecto de evangelización trascendía la ambición misionera y destacaba más por el modo de hacerlo: en las pocas intervenciones que se pudieron apreciar del mismo, el estilo alegre, apacible y cercano en sus palabras era una evidencia. Tanto es así que llegaría a ser considerado como un «profeta de la Nueva Evangelización» tras su muerte por su carácter «extremadamente pastoral, cercano a la gente común y comprensible con sus luchas y sueños y capaz de hacer que la enseñanza de la Iglesia fuese accesible».

Representativo de ello es la anécdota en la que estando junto a la multitud el 27 de agosto de 1978 en su primer Ángelus, escuchó a una niña sobre los hombros de su padre diciendo que lo había entendido todo.

4º Su milagro, la curación de una niña desesperada y deshauciada

En el decreto  de la Congregación para las Causas de los Santos, el Papa Francisco aprobó el milagro por el que será beatificado Juan Pablo I  este domingo. Se trata de la curación milagrosa de una niña de diez años de Buenos Aires (Argentina) el 23 de julio de 2011.

La pequeña padecía «encefalopatía inflamatoria aguda severa, enfermedad epiléptica refractaria maligna, shock séptico«. Según informaron los medios vaticanos, el cuadro clínico era muy grave y se caracterizaba por numerosas crisis epilépticas diarias y un estado séptico causado por una bronconeumonía.

La iniciativa de invocar al Papa Luciani la tomó el párroco de la parroquia a la que estaba encomendado el hospital en el que estaba ingresada la joven y que era muy devoto de Juan Pablo I.

Según el cardenal Stella, postulador de la causa de beatificación, este fue «un milagro que se lo debemos a la fe de quienes rezaban junto a la cama de esta niña enferma» con graves problemas neurológicos «en condiciones prácticamente desesperadas».

Sobre esta curación inexplicable, el cardenal Stella comentó a Vatican News que aquella niña tiene ahora 20 años y asegura haber visto vídeos actuales de ella que la muestran «caminando y hablando y se puede ver a una chica de casi veinte años que está bien».

«Se lo debemos a la fe de quienes oraron alrededor de esta persona cuando estaba enfermo. Es un evento que ciertamente tiene características extraordinarias, porque nos ocupamos a nivel médico, pero sobre todo hubo una noche, un largo momento de oración, de intercesión, que es lo que en definitiva califica a un evento de este tipo», agregó el postulador de la causa.

5º El Papado más breve de la historia

Los 33 días que abarcaron el pontificado de Juan Pablo I, entre el 26 de agosto y el 28 de septiembre de 1978, supusieron el papado más breve de la historia contemporánea y uno de los nueve más fugaces de la historia de la Iglesia, igualado por Benedicto V (fallecido en el año 966) y superado por pocos, como Teodoro II (fallecido en el 896) o Sisino (en el 708).

Durante su breve pontificado, Juan Pablo I escribió tres cartas apostólicas, pronunció cuatro audiencias, nueve discursos y dos homilías públicas, la de Posesión de cátedra como Obispo de Roma y la de inauguración del ministerio petrino.

6º «El año de los tres Papas»

Las circunstancias en torno a su papado resultaron en un «Año de los Tres Papas», en el cual se convocaron dos cónclaves papales para nombrar un Papa sucesor: tras la muerte de Pablo VI el 6 de agosto de 1978, Juan Pablo I fue elegido el 26 del mismo mes, 20 días después. El cónclave que siguió al fallecimiento de este último el 28 de septiembre eligió como sucesor a San Juan Pablo II el 16 de octubre.

7º Una versión oficial de la muerte cuestionada

Juan Pablo I falleció inesperadamente el 28 de septiembre de 1978, a la edad de 65 años y solo 33 días después de comenzar el papado. La brevedad de su pontificado y las circunstancias de su muerte llevaron a escritores y periodistas a sugerir la posibilidad de que esta pudo no haber sido natural. Sin embargo, la versión oficial del Vaticano siempre fue que falleció por un infarto vinculado al estrés ocasionado por las presiones del cargo

Dos cónclaves y tres pontífices en menos de un año

Juan Pablo I sucedió en la sede de Roma a San Pablo VI y precedió tras su breve pontificado a San Juan Pablo II. Luciani estuvo entre dos Papas hoy santos y cuyos pontificados fueron muy extensos con 15 años por parte de Montini y los casi 27 de Wojtyla.

Murió repentinamente la noche del 28 de septiembre de 1978. Lo encontró sin vida la monja que le llevaba el café a su habitación cada mañana.  La fama de santidad de Albino Luciani se extendió muy rápidamente, aunque su causa de beatificación se abrió en 2003, en 2017 fue declarado venerable y cuatro años más tarde se ha reconocido el milagro por el que será beato. Ahora sólo falta que el Papa Francisco anuncie la fecha de esta ceremonia.

Albino Luciani nació en 1912 y era hijo de un obrero socialista que había trabajado durante mucho tiempo como emigrante en Suiza. En la nota que le escribió su padre, dándole el consentimiento para entrar en el seminario, se lee: «Espero que cuando seas sacerdote, estés del lado de los pobres, porque Cristo estuvo de su lado».

Fue ordenado sacerdote en 1935 y en 1958, inmediatamente después de la elección de Juan XXIII, que lo había conocido como Patriarca de Venecia, fue nombrado Obispo de Vittorio Veneto. Luciani participó en todo el Concilio Ecuménico Vaticano II.

Tras la publicación de la encíclica Humanae Vitae, en la que Pablo VI declaró moralmente ilícita la píldora en 1968, el obispo de Vittorio Veneto promovió el documento, adhiriéndose al magisterio del Pontífice. Pablo VI, que tuvo la oportunidad de apreciarlo, lo nombró patriarca de Venecia a finales de 1969 y en marzo de 1973 lo creó cardenal.

Tras la muerte de Pablo VI, fue elegido el 26 de agosto de 1978 en un cónclave que duró tan sólo un día. 

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