Murió Rodney Stark, el sociólogo escéptico que defendió al cristianismo y su virtud

adminseptiembre 7, 202217min140
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¿Cómo es que el cristianismo logró pasar de ser una comunidad diminuta a la mayor religión de la historia?

En sus 2000 años de historia, le ha pasado de todo, pero el sociólogo Rodney Stark aplicó un criterio que piensa que explican su expansión: por su virtud, por su capacidad de crear familias y redes de apoyo generoso, porque a la gente le resulta razonable adherirse, aunque sea muy exigente (quizá por ser muy exigente) ya que la vida cristiana recompensa con un entorno positivo, para cada uno y para la propia familia. En fin, por el «mirad como se aman», que decía Tertuliano en el s.II.

Rodney Stark murió el pasado 21 de julio, sin que la prensa generalista prestara mucha atención, ni tampoco el mundo de la sociología. Pero sí publicaciones interesadas en la sociología religiosa y sus lectores cristianos y de Historia, que le deben mucho.

En España se le recuerda sobre todo por «La expansión del cristianismo» (Trotta, 2009; en inglés fue «The rise of Christianity», en 1996, su versión de 1997 fue nominado al Premio Pulitzer) y por «Falso testimonio» (Sal Terrae, 2017; en inglés «Bearing False Witness», Templeton Press, 2016). Ambos libros merecen ser leídos y releídos.

Libros de Rodney Stark

En inglés publicó más de 40 libros y unos 150 artículos académicos, siempre con un enfoque sociológico, buscando cifras y estadísticas, y un lenguaje asequible y directo. Le encantaba escribir, declaró que lo hacía cada mañana y eso le hacía sentir que había aprovechado el día. El sueldo en realidad le venía de sus clases de Sociología en la Universidad de Washington.

Escribió sobre prejuicios, crímenes, suicidios, la vida en el Imperio Romano, el crecimiento de las comunidades religiosas y los bulos históricos contra la Iglesia Católica.

Evitó declararse cristiano hasta los 73 años

Stark defendió de bulos a la Iglesia Católica y al cristianismo en general, pero nunca llegó a ser católico, e incluso en su vejez, que pasó asociado a la Baylor University desde 2004, de tradición baptista, sólo llegó a declararse vagamente cristiano. Durante casi toda su vida, evitó reclamar esta afiliación.

Decía ser un defensor de la civilización occidental, culturalmente cristiano, pero que se sentía «incapaz de afirmar más que eso».

En 2004 dijo: «tengo problemas con la fe. No es que me enorgullezca de ello, no creo que eso me haga intelectual. Creería si pudiera. Quizá pueda antes de que acabe todo». En 2007, con 73 años, decía que no podía ser baptista, pero podía profesar una «fe personal». «Descubrí que era cristiano; supongo que ‘cristiano independiente’ es la mejor definición de mi postura actual».

Libros de sociología religiosa de Rodney Stark

Empezó como reportero de «cosas raras»

Nació en Dakota del Norte en 1934. Sus compañeros sociólogos luego en la Universidad de Washington bromeaban con eso: la rural y lejana Dakota no se considera fuente de sociología. Su familia era luterana y le bautizó como tal, dijo alguna vez con brevedad. Pero la religión no le interesaba de joven, sólo el deporte y las diversiones. Llegó joven a California y empezó a trabajar como reportero en un periódico.

En su primer día de reportero en el Oakland Tribune entrevistó a un obseso de los OVNIS, así que el periódico lo encajonó como «el de los temas raritos», incluyendo sectas, religiones, etc… y así le enganchó el tema religioso. Luego, como sociólogo, lo estudió con seriedad pero con la capacidad divulgativa y provocadora de un periodista.

Su primer gran estudio revisó a 3.000 feligreses blancos californianos y a otros 2.000 protestantes y católicos del país, una investigación que el American Journal of Sociology declaró «impresionante y exhaustiva».

Algunas de sus conclusiones, que luego mantuvo siempre:

– Es falso que donde hay muchas iglesias distintas, la gente prefiera no creer en ninguna; al contrario, escribió, «donde sólo hay una iglesia subvencionada, será muy perezosa y no trabajará en atraer gente ni satisfacerla«; la competición genera conversos y militantes;

– «el corazón de una religión es el compromiso», escribió en 1970; hay que estudiar lo que ayuda o dificulta a las iglesias a atraer y mantener miembros comprometidos;

un entorno moderadamente hostil ayuda a reforzar a una iglesia, unir a sus miembros y hacer que se organice mejor (se puede debatir cómo medir esa hostilidad «moderada»).

Investigó a los mormones en The Rise of Mormonism y le sirvió para entender y estudiar a los cristianos antiguos: una religión conservadora, profamilia, que impulsa una vida sana, muchos lazos comunitarios cercanos, el alejarse de un entorno visto como decadente; el mormonismo es raro, pero no muy distinto del cristianismo, igual que el cristianismo era raro en el siglo I a IV, pero no muy distinto del judaísmo del que venía y de cuyas filas se nutría.

Una religión que a la vez tiene hijos, les pasa la fe y atrae conversos puede crecer por demografía, especialmente en un entorno de baja natalidad. Así sucedió con los cristianos. Los romanos paganos, por ejemplo, mataban a sus hijas sistemáticamente (es muy difícil encontrar lápidas o tumbas romanas donde se mencionen a dos hijas o dos hermanas; sólo conservaban una). Los cristianos sí cuidaban a todas hijas… y esas hijas daban a luz a más niños en familias cristianas. La mentalidad provida y profamilia cristiana les daba una demografía potente.

Las pandemias y el cristianismo

A Rodney Stark se le ha vuelto a citar en 2020 a raíz de la pandemia del coronavirus, porque en La expansión del cristianismo dedica todo un capítulo a recordar que los cristianos antiguos, al contrario que los paganos, no abandonaban a sus enfermos en las terribles pestes que asolaban el Imperio. Muchos morían, pero dar cuidados básicos -alimentar, hidratar, atender- podía salvar a muchos, que a su vez se inmunizaban y podían pasar su inmunidad a sus hijos. Además, mucha gente, al ver como cuidaban a otros -y a pobres, enfermos abandonados, etc- les admiraban, y eso atraía a muchos al cristianismo.

El ejemplo de valentía de los mártires, afirma, también impresionó a muchos; combinado con la vida cristiana, que protegía a las mujeres y niños y era atractiva para ellas, se sumaron los elementos demográficos para que el cristianismo creciera. En la época de Constantino, cuando se despenaliza en el 313 d.C., muchos estudiosos consideran que los cristianos eran ya mayoría en las ciudades costeras del Mediterráneo oriental.

Números y evidencia social

A Stark le gustaba hacer números con lo que tuviera a mano: lápidas, listas de detenidos y martirizados, nombres, etc… Intentaba evitar los «psicologismos históricos», es decir, declarar cosas como «era una época de ansiedad» o «eran tiempos de entusiasmo social», notas que se basan solo en lo que digan un par de literatos de la época.

Para Stark, queda claro que las ciudades grecorromanas eran un mundo de «caos, la miseria, el miedo y la brutalidad de la vida», mientras que allí el cristianismo ofrecía «tanto caridad como esperanza» y «solidaridad social». Recuerda que Platón hablaba de arrojar a los mendigos fuera de las fronteras, mientras el cristianismo exigía cuidar al pobre y desvalido, incluso extranjero o desconocido. El cristianismo iba más allá de los lazos étnicos o de familia y creaba comunidades. Era exigente en su ética. Por ejemplo, un cristiano no podía ir al circo a ver espectáculos que derramasen sangre humana.

«El cristianismo no creció porque los milagros influyesen en las plazas de los mercados (aunque pudo haber habido algo de eso), o debido a que Constantino dijo que sí, o incluso a causa de que los mártires le otorgaron tanta credibilidad. Se expandió porque los cristianos constituyeron una comunidad intensa, capaz de generar esa “invencible obstinación” que tanto ofendía a Plinio el Joven, pero que proporcionaba inmensas recompensas religiosas. Y los medios esenciales de su crecimiento fueron los esfuerzos mancomunados y motivados del creciente número de creyentes cristianos, que invitaban a sus amigos, parientes y vecinos a compartir la “buena nueva”», afirma en ‘La expansión del cristianismo’.

Defender a la Iglesia Católica

En 2016 asombró a muchos con «Falso testimonio». “Yo no soy católico romano y no he escrito este libro en defensa de la Iglesia. Lo he escrito en defensa de la historia”, afirmó. Como estudioso, se había hartado de ver tergiversaciones sobre el papel de la Iglesia Católica en la historia.

Su defensa de la Iglesia Católica fue una continuación lógica de su defensa de Occidente. En su libro de 2015 «How the West won» escribió: «En ningún otro sitio [que el Occidente cristiano] surgió la ciencia y la democracia; en ningún otro se ilegalizó la esclavitud; sólo los occidentales inventaron las chimeneas, partituras, telescopios, gafas, pianos, luces eléctricas, aspirinas y jabón».

En «Falso testimonio» se centró en varias acusaciones contra la Iglesia -antisemitismo, oscurantismo medieval, Inquisición, rechazo a la ciencia…– y las refuta citando estudios especializados y los va poniendo a prueba. Y, como siempre, da números, por ejemplo:

– del 313 al 450, hay listas de cónsules y prefectos romanos de Oriente, se ve claramente que la mayoría son paganos; por lo tanto, el Imperio cristiano no restringió a los paganos el acceder a puestos relevantes;
– de 1540 a 1700, la Inquisición española encausó a 44.600 personas; sólo 826 fueron ejecutadas, y muchas por violación, abuso de menores y otros temas que hoy cubren los tribunales civiles;
– de 52 científicos «estrella» en la época de la Ilustración, un 25% son clérigos (católicos y protestantes), un 60% son creyentes convencidos; sólo uno sabemos que fuera un escéptico.

Stark debe seguir siendo citado, estudiado y conocido. A él se le debe aplicar lo que pide la Biblia en Eclesiástico 44: «Elogiemos a los hombres ilustres […], guiaron al pueblo con sus consejos, con su inteligencia para instruirlo y con las sabias palabras de su enseñanza».

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