¿Un antes y un después en la música católica en España? «Hakuna nos devuelve lo que nos han robado»

adminseptiembre 18, 202212min150
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Un «hito«, para la Real Academia Española, es un «acontecimiento muy importante que marca un punto de referencia en la historia». Para mí, lo que se vivió ayer en Vistalegre y que muchos pudimos disfrutar. Es mediados de septiembre y el verano en Madrid se resiste a marchar. La temperatura es agradable y la ciudad está especialmente bonita. Son las siete de la tarde cuando salto a un vagón que discurre con mucha prisa. ¿Algo se huele? Puede ser. Cerca de mí, un grupo de muchachos charla entusiasmado. Me fijo en sus muñecas y descubro toda una panoplia de medallitas, crucifijos y pulseras con lemas a María. «¡Qué bien se está cuando se está bien!», dice una de ellas, haciendo del suelo su sala de estar. 

¿Sabrá el mundo lo que va a ocurrir? No lo creo. Y, cuando Agnes Gonxha Bojaxhiu limpiaba la primera herida, o el poverello hablaba con golondrinas, tampoco -me digo. El tren llega a mi parada y nos bajamos casi todos. Sospecho que vamos al mismo lugar. Las terrazas en torno al coliseo están a rebosar, una alegría sincera recorre el ambiente, algunos aporrean las mesas mientras cantan rumbas a la vida. ¿Tomaremos el cielo por asalto? Vistalegre se presta a ello, no lo sé, lo que sí, es que se viene algo gordo, muy gordo. Las agujas de mi reloj arañan la hora del concierto. Subimos las escaleras de acceso, y allí está él, el padre de todo este Qaos. Fotos por aquí, abrazos por allá, ¡para mayor gloria de Dios!

No quedan sitios libres, el ruedo cuelga el cartel de Completo. Jóvenes, adultos, monjas, familias, ancianos y personas enfermas cubren las gradas. Como los artistas que nunca pasan de moda, allí se dan cita todas las generaciones. Me llama la atención ver a un sin fin de hombres de negro. En un primer momento, pienso, ¿será el staff?, pero luego descubro que no. Veo a uno con riñonera colgada al pecho, al estilo de hoy, y me digo, pero ¡si es un cura! ¿Será que ellos también tienen derecho a disfrutar? Las luces se apagan y una voz invita a que descienda el Espíritu Santo. El público grita y a este de aquí se le ponen los pelos de punta. Esa gente está dándolo todo por Alguien al que no ven. Y, entonces, recuerdo aquel grito, en este mismo lugar, veis como «¡Sí se puede!».

«Por los que hoy es su última noche. Cuyos ojos no verán el nuevo día. Ten piedad…», arranca una voz angelical. A continuación, arrodillados, el Kyrie eleison más apasionado que se ha escuchado jamás. «Locos por vivir», «Jesús murió por ti en la cruz», «Tengo sed»… rezan los carteles que llevan algunos de los jóvenes. ¿Será el Woodstock de la canción católica en España? El tiempo dirá, pero tiene pinta, muy buena pinta. Sobre el escenario, camisas medio hipster, pies descalzos, armónicas, madres con bebés, hijos que corren persiguiendo confeti… El público se las sabe todas, lo que fuera se llama conexión, aquí se llama comunión.

Jóvenes en el concierto de Hakuna en Vistalegre.

Hakuna es una realidad espiritual y musical fundada por el sacerdote José Pedro Manglano.

Las canciones estiran sus sílabas en el tiempo, se da un acuerdo tácito, este concierto: ¡hasta la eternidad! «Reviento de amor, estoy temblando de gozo. Te como con la mirada, estás aquí y no estás solo…», canta la gente. El coliseo parece que va a echar a volar. Hakuna engancha, atrae…, pero, más aún, devuelve la alegría de saberse hijos de Dios. Y, entonces, como Joan Báez y Bob Dylan, una pareja canta «Dime Padre», que, aseguran, acaban de componer hace una hora. El gran José Luis Perales, estoy seguro, pagaría por añadirla a su «dímelo Dios quiero saber por qué…».

Es el momento de las presentaciones y un joven pide un aplauso para Marta; era muy importante para el grupo, falleció hace un tiempo. Después, le tocará el turno al cardenal, que allí está, en su butaca, como un auténtico chaval. «Viva el Papa», grita la gente. Y, entonces, suena Arde, y el público enloquece. «Siente, el peso que le viene. Pero nada detiene. Su sencilla decisión…», se escucha en honor a San José. «Un te quiero mudo en un silencio acogedor. Un humilde carpintero duerme en brazos a su Dios», retumba Vistalegre, gracias a un grupo que lo ha sabido hacer muy bien. 

María no se queda sin canción. Unas flamencas de blanco, que destilan colorido, aparecen en el escenario. Mueven sus trenzas, mientras cantan a la Virgen en un estilo rociero. Admiro la valentía de estos tíos, se les nota confiados y tranquilos, ¿jugarán en el equipo del mejor de todos ellos? «La misericordia ha entrado en esta casa. Levántate y anda», se oye gritar, como si fuera una orden que ya nadie puede obviar. El público se descalza, y levanta sus zapatos en las manos. «Vivir mi vida con los pies descalzos. Matar la indiferencia. Gritar al cielo: ‘Libertad, libertad, libertad'». Hakuna nos devuelve lo que nos han robado. La oscuridad se desmorona. ¡Volvamos a empezar! ¡A ser felices! Que «estamos aquí porque a Dios le da la gana», dice el que canta. 

No queda mucho de concierto, y aparecen unas chicas con pañuelos, que parecen El Rey León. ¡Esto es la bomba! «Bendita creación que enamoró a su creador», ¿no es una frase muy bien escrita? Y, entonces, un coro pronuncia la palabra «Creo» y ya no tiene más que decir. La gente hace de telepronter, se han convertido en un auténtico fenómeno fan. Mientras, los cantantes desfilan por el escenario, los que entran por los que salen. Aquí no cuenta el quién, lo importante es el qué y el para quién. «Y un huracán. Romperá el cielo desde mi garganta. Gritándote: ‘¿dónde estás cuándo me haces falta?’…», se escucha cantar. Son más de las once de la noche y nadie se quiere ir. «Cantadnos un poco más de ese Dios tan singular«, parecen decir.

«Hermanas de Belén, Benedictinos, Císter, Iesu Communio, Clarisas, Concepcionistas, Cursillos, Comunión y Liberación, Renovación Carismática, Schöenstatt, Opus Dei, Focolares, Hakuna, Camino, Effetá… y tantos más», entonan todos a una. La noche llega a su fin, y, estoy convencido, de que este día marcará un antes y un después en la música católica en España, y en las vidas de todos los presentes. Estos chicos han trabajado bien, y nos han devuelto la alegría, el orgullo de ser cristianos, ¡y que Dios es algo que siempre está de moda! Las luces se encienden, y el grupo graba un pequeño vídeo para el Papa. Yo, mientras, me resisto a marchar, y me digo: «que así sea, todos forofos de todos y que nos queramos siempre más».

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