Por primera vez, un ciclista vaticano en los Mundiales de Ciclismo: «Admiro la humildad de Induráin»

adminseptiembre 20, 202210min130
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El ciclista profesional holandés Rien Schuurhuis, nacido en Groningen, en 1982, quizá no es el mejor del mundo, pero conoce bien los rigores de este deporte a nivel profesional. Ahora hace historia al convertirse en el primer representante vaticano en un Mundial de Ciclismo: llevará el color blanco y oro del Vatican Cycling en los Campeonatos mundiales de ciclismo de carretera en Australia del 25 de septiembre.

Además, acompañado de su equipo y del Nuncio en Australia, con representantes de Cáritas, se reunirán con representantes de indígenas australianos en el marco del gran encuentro deportivo.

Rien Schuurhuis ha contado en L’Osservatore Romano y en VaticanNews cómo ha llegado a la selección deportiva vaticana.

«Desde que llegué a Roma en el 2020, me atrajeron inmediatamente los valores y el espíritu comunitario de Athletica Vaticana. La atención del Papa Francisco sobre el deporte como vehículo de encuentro está en profunda sintonía con mi experiencia de vida. El lenguaje del deporte es verdaderamente universal», ha declarado.

Schuurhuis está convencido de que «el deporte tiene el poder de impulsar a cada uno de nosotros a dar lo mejor de sí mismo, fomentando la generosidad, el sacrificio y la humildad. En Athletica Vaticana estamos dispuestos a llevar estos valores a los Campeonatos mundiales y a animar a todos los atletas a ser «embajadores» del deporte». Así lo pedía el Papa en su discurso a la Athletica Vaticana en julio para los Juegos del Mediterráneo en Argelia.

El ejemplo de Induráin y su humildad

Induráin, el navarro cinco veces ganador del Tour de Francia, es una de las figuras que más admira. «Yo solía animar al español Miguel Induráin. Realmente admiré su modestia y humildad dentro y fuera del ciclismo. Fue una inspiración para muchos jóvenes ciclistas. Lo opuesto a la personalidad vivaz de mi héroe de la infancia, Mario Cipollini», explica a L’Osservatore.

«No sé exactamente cuándo nació el amor por el ciclismo como deporte, pero creo que siempre ha estado presente en mi corazón», explica. «En mi tierra, la bicicleta forma parte de la vida cotidiana. Íbamos al trabajo, a la escuela, a las tiendas y a la iglesia en bicicleta. Mi primer dinero de bolsillo lo gasté en una bicicleta».

Preparándose para este Mundial

«Para el Mundial me he entrenado al máximo. Vivo con mi familia en el centro histórico de Roma y, cada vez, mi entrenamiento comienza con un calentamiento en una de las calles más concurridas: el Lungotevere. Tengo que admitir que es una de las partes más divertidas de mi entrenamiento, también por los reflejos que tengo que poner en medio del tráfico. Después, tras dejar Roma, pedaleo alrededor del lago de Bracciano y del lago de Albano. Además, suelo llevar a mis dos hijos a dar un paseo en bicicleta por las calles empedradas del centro. Entre peatones, coches y motos. Es una buena manera de enseñarles la conciencia del espacio y el manejo de la bicicleta», afirma.

Del recorrido en Australia dice: «El recorrido de Wollongong se adapta a mí: me encantan las subidas, pero tengo el físico necesario para pedalear en llano. Me gusta escaparme y trabajar con pilotos de otros equipos para llegar a la meta».

El ciclismo, una forma de conectar con todos

El ciclismo le ha llevado a varios países. «En 2009 me trasladé a Australia con mi esposa y desde entonces hemos vivido en la India, en el Pacífico francés y ahora en Italia. En cada uno de estos lugares he encontrado amigos y he compartido experiencias a través del deporte. Australia, ahora mi segundo hogar, me ha enseñado cómo el deporte puede unir. La mitad de la población australiana ha nacido o tiene un progenitor nacido en el extranjero, con una increíble mezcla de culturas e idiomas. El deporte crea vínculos que trascienden estas diferencias».

«En la India, nunca olvidaré mi participación en una media maratón en Nueva Delhi junto a una mujer que corría descalza y, bajo un calor abrasador, con la cabeza cubierta. Intercambiamos una sonrisa y unas palabras de apoyo. En Nueva Caledonia, a pesar de no saber hablar francés, me relacioné con varios jóvenes ciclistas, algunos de los cuales eran indígenas canacos. Como tenían poco apoyo y dinero a su disposición, fue un verdadero privilegio poder formar a algunos de ellos y ayudarlos a conseguir bicicletas y otros materiales para hacer deporte», añade.

«He corrido a pie y en bicicleta por toda Asia y el Pacífico, en Malasia, Indonesia, Nueva Zelanda y la Polinesia francesa. Una de las experiencias más increíbles fue una carrera de bicicletas en la isla de Flores, Indonesia. Nos recibieron en varios monasterios, que salpican la isla, mientras completábamos las etapas: una experiencia espiritual que nunca olvidaré. Las calles estaban llenas de espectadores, parecía que toda la isla había venido a animarnos. La gente apoyaba a todos, sin importar la raza, el color de la piel o la religión», insiste el representante vaticano en el ya cercano Mundial de Ciclismo.

El equipo vaticano, en la Internacional de Ciclismo

En septiembre de 2021 la Athletica Vaticana, más en concreto su sección Vatican Cycling, fue reconocida oficialmente como miembro de la Unión Ciclista Internacional (UCI).  El cardenal Gianfranco Ravasi, del Pontificio Consejo de la Cultura, acudió al acto oficial en Lovaina, Bélgica, que coincidía con 190 años de actividad de la UCI.  

Clérigos y laicos de Athletica Vaticana se dieron cuenta de que el ciclismo es un deporte muy popular en muchos países y que, como dije el Papa Francisco, «pone de relieve ciertas virtudes como la resistencia a la fatiga -en las largas y difíciles subidas-, el valor -al intentar una escapada o afrontar un sprint-, la integridad al respetar las reglas, el altruismo y el sentido de equipo«.

El ciclismo va ligado también a largas rutas, el aprecio de la naturaleza y la visita de santuarios, a veces remotos. Todo esto llevó a la «selección» a sumar a este deporte entre los que difunde.

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