Hakuna en «ABC»: estética «chill», música, cerveza con amigos… pero el centro es eucarístico

adminseptiembre 25, 202211min220
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Tras el gran concierto de Hakuna en el Palacio Vistalegre de Madrid el 17 de septiembre, que congregó a unos 8.000 jóvenes, varios medios de comunicación han querido saber más de este movimiento juvenil católico. Entre ellos, el diario ABC ha visitado su sede en el barrio de Las Rozas. José Ramón Navarro, periodista especializado en información religiosa, escribe lo que encuentra allí.

«Los jóvenes de Hakuna ocupan ahora un antiguo convento en Las Rozas que las Concepcionistas Franciscanas abandonaron hace unos años por falta de vocaciones. Primera paradoja. Aunque son más conocidos por su música, lo que se percibe nada más entrar es que las canciones no son más que la carta de bienvenida, pero que la vida de la casa gira en torno a la oración y la adoración eucarística», explica la crónica de ABC, que incluye fotos y vídeos de la sede.

Adoración en una capilla chill ibicenca

«El hall de entrada, que acoge al mediodía el rezo del Ángelus, te lleva de inmediato a la primera capilla. Choca la estética. Alfombras, lámparas y velas de impronunciable marca sueca, junto a estructuras de palés con cojines y almohadas de estilo ibicenco en vez de reclinatorios. El sagrario, eso sí, en el centro. Dos jóvenes rezan en silencio ante él. Una capilla ‘chill’ para una propuesta católica de siempre», describe.

Una capilla decorada en la sede de Hakuna en Las Rozas, Madrid

Una capilla decorada en la sede de Hakuna en Las Rozas, Madrid.

«Paredes forradas con carteles que parecen impresos desde Instagram, fotografías de cuidada factura y perfecto encuadre entre las que no falta una imagen de la cruz, una custodia o la figura de la Virgen, frases motivadoras que buscan interpelar con lo más profundo. Nada parece estar dejado al azar. Pero ellos, dicen lo contrario. «No hay nada, no hay estrategia, no hay nada detrás más que la verdad en cada acción», explica Belén Serrano, una sevillana miembro de Hakuna, que ahora vive en la casa».

El sacerdote José Pedro Manglano explica el inicio de Hakuna: 97 jóvenes de una parroquia de Madrid que fueron a la JMJ de Rio en 2013. Pero al volver «en la primera Hora Santa que hicimos, vinieron 700», cuenta Manglano. «No habíamos pensado nada, no habíamos diseñado ninguna estrategia. Sencillamente aquellos jóvenes querían para los demás lo que habían vivido», añade.

Un crecimiento ya internacional

Ahora Hakuna convoca a horas santas y actividades en 35 ciudades de España, 15 de Europa, 11 de América (Mexico, EE.UU. Costa Rica, Ecuador y Argentina) y una en Corea. Calculan que en 2021 participaban unas 18.000 personas en sus horas santas por todo el mundo.

A los miembros más comprometidos de Hakuna se les llama, oficiosamente, los «pringaos». Ellos mismos usan la palabra. «Primero porque deben ser como el que mete la mano en un bote de miel y luego va pringando todo lo que toca y segundo porque, como dice el diccionario, son los últimos, los que se dejan ‘engañar’ por los demás para servir», explican al periódico.

El núcleo espiritual de Hakuna en la hora santa en adoración eucarística. «La fuerza la recibimos ahí, sin eso nada tiene sentido, es lo que nos ha transformado, nos ha cambiado la vida», explican.

Hay horas de adoración orientadas a distintas edades: universitarios, profesionales, frontera y senior. En cada una de ellas hay una reflexión inicial y después la adoración al Santísimo, intercalando momentos de silencio con sus conocidas canciones.

Pero después del recogimiento y la oración, viene la amistad distendida. «Siempre hay unas cervezas, juntos, ya en otro ambiente, comentamos lo que hemos vivido», cuentan.

¿Opus, pijos, profesionalidad?

El reportaje recuerda que los primeros jóvenes de Hakuna «pertenecían a la parroquia de san Josemaría Escrivá y Jose Pedro Manglano era sacerdote de la Prelatura». Pero desde 2020 el sacerdote dejó el Opus Dei, de forma amistosa, para dedicarse plenamente a Hakuna.

También recoge la crítica que se suele decir en redes sociales de que son «jóvenes católicos pijos». «Cierto es que, la mayor parte de ellos son universitarios y, por su aspecto, los situarías antes en un concierto de Taburete que en uno de Rosendo Mercado, pero Marcos Carrascal, responsable de formación, defiende que hay jóvenes de todo tipo. «Yo mismo soy de Carabanchel, que vengan allí a la Hora Santa y lo podrán comprobar»».

El cronista destaca además que la «cuidada estética y estricta profesionalidad son también señas de la factura de Hakuna. De esto último, es buen ejemplo su estudiada estructura organizativa. Junto a la figura canónica reconocida por la diócesis de Madrid, suman la Fundación Hakuna Revolution que da la cobertura jurídica a las propiedades y a los contratos con lo que tienen profesionalizada la gestión de la parte financiera, la acción social, la comunicación, la formación y el e-commerce. Según sus últimas cuentas, publicadas en 2019, movieron más de un millón de euros, la mayor parte recibidos de donaciones y cuotas de los asociados». 

Por eso, deduce, «no extraña la acertada producción de sus canciones, la eficaz campaña de márketing, o que su reciente canción ‘Huracán’ esté entre las tres más virales de Spotify.

Hakuna fluye y se adapta

Quizá la clave de Hakuna, considera el periodista, es que «fluye, se adapta, cambia de forma, crea respuestas en función de las necesidades. En definitiva, Hakuna es un movimiento líquido que se amolda a la perfección a la época de «modernidad líquida» de la que escribió Bauman. En un tiempo sin certezas, donde la «búsqueda de la identidad» se suma a la obligación de ser libre con los miedos y angustias existenciales que esa libertad conlleva, los jóvenes se acercan a Hakuna. Lo curioso es que tras esa fluidez para adaptarse a los tiempos, la propuesta que luego hace Hakuna es «sólida y eterna», la misma de siempre en la Iglesia. La fluidez es el reclamo, pero la «hostia es la que engancha». Y ahí sigue la paradoja».

El padre Antonio Mª Doménech grabó este momento en el concierto de Hakuna en Vistalegre.

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