Hemos visto los ocho capítulos de «Los Anillos del Poder»… ¿valía la pena?

adminoctubre 16, 202217min270
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Ya hemos terminado de ver los 8 capítulos de la primera temporada de Los Anillos del Poder, que juntos suman algo más de 9 horas. Son capítulos regados de dinero, porque hablamos de la teleserie más cara de la historia, financiada por Jeff Bezos y Amazon.

En esas 9 horas cuentan pocas cosas, muchas de las que cuentan son irrelevantes, dejan muchas sin contar y van soltando unos pocos nombres como prometiendo que entrarán en futuras temporadas.

Un aficionado al género fantástico encontrará aquí poco guión y poca emoción, pero puede disfrutar con hermosos paisajes y la buena música de Bear McCreary (autor también de la música de las teleseries de Battlestar Galactica, The Walking Dead y Outlander).

Una socia de la Sociedad Tolkien Española decía en un encuentro en Twitch: «Es una serie bonita para ver quitándole la voz, quizá dejando la música«. Todos le dieron la razón. Podría ser un videoclip de 9 horas.

Mi hijo de casi 19 años, lector de fantasía, ni se ha molestado en ver la serie, prefiere ver anime en su portátil. Mi hijo de 14 años, que no tiene ni móvil ni portátil y se está leyendo El Silmarillion, se quedó a ver algún capítulo, sin ningún entusiasmo. No le enganchó. Yo no voy a insistir a ningún fan de fantasía en que vea esta serie.

Guiños y enfados de los fans que saben de Tolkien

Mi mujer y yo, que somos tolkinianos de cierta erudición (toses humildes), lo vemos para disfrutar de paisajes, escenarios -nos gustan casi todos sus diseños- y por «el placer de sentirse juntos para criticar», como cantaba Franco Battiato, que en paz descanse.

A partir de aquí diré algunos spoilers (pocos), pero no sé si de verdad arruinan algo, porque no hay mucho que arruinar.

La serie está llena de guiños para tolkinianos eruditos, y también guiños para enfadarlos a conciencia. Después de 6 capítulos con los fans preguntando enfadados dónde está Celeborn, el esposo de Galadriel, y su hija Celebrian, futura esposa de Elrond y madre de Arwen (la Liv Tyler de las películas), en el capítulo 7 nos dice Galadriel que su esposo Celeborn murió luchando contra los orcos. ¡Pensábamos que su único trauma era la muerte de su hermano! Es evidente que aparecerá en la siguiente temporada.

También se menciona a Círdan, importante señor de los elfos de la costa, y a Anárion, otro de los hijos de Elendil, el Númenóreano bueno, pero no los vemos. Añaden una hermana apócrifa de Anárion (no sabemos para qué) y desaparece Isildur en cierto cataclismo (no puede morir: ha de cortar el dedo del Anillo a Sauron, como vemos al inicio de El Señor los Anillos). ¿Y Celebrian? Ni la mencionan, pero tendrá que casarse con Elrond. Todos estos «olvidos»… ¿pretenden enganchar a los tolkinianos eruditos, que conocen la historia? No está claro que lo consigan: la mayoría de los fans declaran su cansancio y hartazgo tras 9 horas que consideran bonitas de ver pero flojas como historia.

Lo único que pretende enganchar son misterios un poco insulsos como «dónde está Sauron», que pasa a convertirse en «quién de estos es Sauron», y «quién es el hombre que cayó del cielo». Los espectadores han hecho bromas del tipo «¡Ese caballo es Sauron!». En el capítulo 8 resuelven lo primero, haciendo trampas con el canon, y lo segundo parece casi aclarado… pero no necesariamente.

Luego está la gente que conoce la Tierra Media sólo por las películas. Parece que se haya rodado pensando en ellos. Casi cada fotograma de las 3 películas de Jackson tiene un clon en esta teleserie. Inventan unas «brujas-nazgulas» para tener fotogramas de «nazgûl-acecha-hobbits-entre-raíces» y otra de «hobbits-tiran-piedras-a-Nazgûl-fantasmales».

Hay orcos que salen de una fortaleza cualquiera con antorchas y coros por imitar los desfiles de tropas de El Retorno del Rey y Las Dos Torres. Galadriel cabalga sobre prados entre montañas como los hacía Gandalf en las películas. La clonación de escenas es continua.

Unos críticos españoles decían tras ver los 2 primeros capítulos: «convierten una saga en franquicia, ya saben que tendrá más temporadas y no necesitan más que cumplir con lo básico y mostrar cuatro o cinco planos icónicos por episodio». Vistos los 8 capítulos, les damos la razón. Otros decían que el guión parece obra de una combinación de másters de Dragones y Mazmorras, improvisando aventurillas, con guionistas de soap opera y sit-coms, con enredos y falsos conflictos. Pues sí.

Lo que aprendemos tras 8 capítulos

Desde 2019 nos hicimos varias preguntas en ReL sobre la serie. Tras 8 capítulos podemos dar algunas respuestas.

Preguntábamos cuánto mantendría la serie de Tolkien. Hoy sabemos que mantiene topónimos, nombres de personajes y algunos hechos aislados. También algunos temas genéricos: la amistad, la corrupción y la tentación, la pérdida… El resto -cronologías, motivaciones, creación de sociedades y naciones, grandiosidad épica…- se pierden en un caos. Quizá lo peor es perder una épica creíble y dejarla muy pequeñita: la «gran batalla» del capítulo 6 es diminuta, la «flota numenóreana» se reduce a un par de barcos. Lo intentan compensar con un cataclismo.

Tolkien hablaba de numerosas colonias numenóreanas, de ciudades enormes como Umbar, de batallas colosales… aquí tenemos combates del tipo 150 numenóreanos contra 250 orcos y lo presentan como el futuro de medio continente.

Preguntábamos también por los temas censurados. Un tema era el de la paternidad y el matrimonio. Pero la paternidad ha salido mucho, al final: Elendil se preocupa de sus hijos y habla de su esposa perdida; el Rey Durin de los Enanos choca con su hijo; varias veces recuerdan al padre de Elrond; la joven pelosa Nori reconoce las enseñanzas de su torpe padre. En cuanto al matrimonio, sólo conocemos el de Durin el Enano con Dísa la enana negra apócrifa. No sería un mal matrimonio para conocer en una sitcom. Aquí nadie más está casado (Galadriel cree ser viuda, según los guionistas).

Los 3 anillos para los reyes elfos

«Tres anillos para los reyes elfos bajo el cielo», dice el poema… y los vemos en el capítulo 8, que acaba con una canción recitando el famoso poema de los anillos.

Los aspectos religiosos: añaden confusión

Lo que nos lleva al tercer tema, el de los aspectos religiosos. Ya en 2019 indicábamos que esta época de la Tierra Media es la que debía mostrar más religión explícita. Y en los primeros capítulos nos quejábamos de que se acallaran mucho temas como los Valar.

Vistos los 8 capítulos, nos encontramos menciones contradictorias y confusas. Entran en temas dudosos (que el mismo Tolkien dudaba) y en cambio evitan contar lo sabido, lo que en los libros funciona bien.

No mencionan el culto de los Númenóreanos a Eru (el Dios único, creador y providente), ni la protección que los Valar (seres angélicos servidores del Único) conceden a los barcos numenóreanos. No mencionan sus rituales en el monte Meneltarm en acción de gracias ni entrega de frutos.

En cambio, los malos (Adar el elfo corrupto, y Sauron al final) sí se ponen a hablar del Único: que Él es el origen también de los orcos, que Él envió de vuelta a Sauron para dar paz a la Tierra Media… Lo primero es un tema complejísimo y matizable a varios niveles; lo segundo es contrario al canon y no sabemos si es mentira de Sauron o de los guionistas.

De los Valar hablan algunos personajes para hacer juramentos (¡por las barbas de Aulë!) e inventarse una absurda historia apócrifa sobre el origen del metal mithril. Las prohibiciones de los Valar de viajar al Oeste (necesaria para la tensión e hybris de la desobediencia númenóreana) ni se mencionan. Los númenóreanos aquí, en vez de aspirar a ser inmortales como los elfos -tema tolkiniano-, se manifiestan temiendo que los elfos ¡les quiten el trabajo! -tema marxista absurdo en Númenor.

Así que los temas religiosos y espirituales que van saliendo con cuentagotas se parecen más a las menciones de dioses de fantasía de una partida de rol, por dar ambientación (¡por Júpiter!) que a los temas profundos, e incluso a la mitología propia establecida por Tolkien.

El resultado es un gran caos, en que todo lo bueno -especialmente la mención a temas profundos- parece entrar como por cumplir un cupo y agradar a un nicho de espectadores, pero artificialmente y sin convicción. Esto se nota más cuando Galadriel de vez en cuando habla sobre un poder superior o algo que guía los pasos y acontecimientos.

Parece haber un equipo de abogados, psicólogos y guionistas estableciendo cuotas de lo que debe salir: algo para niños, algo para chicas, algo para padres, algo para tolkinianos, algo para religiosos… pero sin orden ni concierto.

No hay nada que sea malo en esta serie para menores de edad, ni se enseñan barbaridades (más allá de las absurdas cuotas raciales, irracionales, que nos imponen sin lógica alguna). Pero tampoco hay nada realmente inspirador en la teleserie.

Y está muy lejos de la épica y grandiosidad de la Tierra Media de Tolkien y sus temas colosales y ambiciosos. Todo eso se puede encontrar en sus libros, especialmente en El Silmarillion y sus cuentos La Akallabeth y De los Anillos del Poder.

El Señor de los Anillos vendió más de 150 millones de ejemplares. Ahora puede ser buena oportunidad para entrar en sus épocas míticas, de orgullo desmedido, ambición y corrupción, que narran las fascinantes historias de Tolkien sobre la Segunda Edad. Tres o 4 horas leyendo esos cuentos darán más fruto que las 9 que cuesta seguir una temporada de esta teleserie.

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