El Concilio era necesario para estudiar las religiones y el tema de fe y razón, dice Benedicto XVI

adminoctubre 22, 20227min300
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A sus 95 años, Benedicto XVI ha escrito una carta de tres páginas y media a un congreso en la Universidad Franciscana de Steubenville (quizá la más católica del mundo) declarando que el Concilio Vaticano II pilló por sorpresa a todos, pero «probó ser necesario», sobre todo para abordar temas que antes no se habían tratado en profundidad, como «una teología de las religiones» y «la relación entre la fe y la mera razón».

Difundida el jueves 20 de octubre, la carta está dirigida al P. Dave Pivonka, presidente de la Universidad Franciscana de Steubenville, en Ohio (EEUU), centro que el viernes 21 finalizaba un congreso centrado en la teología de Benedicto XVI/Joseph Ratzinger.

Benedicto XVI es uno de los pocos teólogos que siguen vivos de entre los que participaron en el Concilio Vaticano II, que empezó en el mes de octubre de 1962, hace seis décadas. Joseph Ratzinger era entonces un joven teólogo de 35 años.

“Cuando comencé a estudiar teología en enero de 1946 [con 19 años], nadie pensaba en un Concilio Ecuménico”, escribe el Papa Emérito.

Cuando el Papa Juan XXIII lo anunció, para sorpresa de todos, hubo muchas dudas sobre si sería significativo, y si de hecho sería posible organizar las ideas y las preguntas en la totalidad de una declaración conciliar, y así dar a la Iglesia una dirección para su camino posterior”, añade esta carta novedosa.

Temas nuevos, necesarios pero no previstos

“En realidad, un nuevo concilio probó ser no solo significativo, sino necesario. Por primera vez, la cuestión de una teología de las religiones se había mostrado en su radicalidad”, continuó.

“Lo mismo es cierto para la relación entre la fe y el mundo de la mera razón. Ambos temas no habían sido previstos de esta manera antes. Esto explica por qué el Vaticano II al principio amenazó con perturbar y sacudir a la Iglesia más que con darle una nueva claridad a su misión”, escribió el Papa Emérito.

“Mientras tanto, se ha hecho cada vez más evidente la necesidad de reformular la cuestión de la naturaleza y la misión de la Iglesia”, continúa el texto de Benedicto XVI. “De esta manera, el poder positivo del Concilio también está emergiendo lentamente”.

Otra novedad: una eclesiología espiritual

Benedicto añade que tradicionalmente la eclesiología, la reflexión teológica sobre la Iglesia, «había sido tratada esencialmente en términos institucionales», pero al acercarse el Concilio “la dimensión espiritual más amplia del concepto de Iglesia ahora se percibía con alegría”.

Al mismo tiempo, advierte, había quienes reconsideraban de forma crítica el concepto de la Iglesia como «Cuerpo Místico de Cristo».

Aquel Joseph Ratzinger de 35 años había escrito su tesis doctoral sobre el tema “Pueblo y casa de Dios en la Doctrina de la Iglesia de Agustín”.

Benedicto XVI señaló que “la completa espiritualización del concepto de Iglesia, por su parte, pierde el realismo de la fe y de sus instituciones en el mundo”, y añadió que “en el Concilio Vaticano II, la cuestión de la Iglesia en el mundo se convirtió finalmente en el verdadero problema central».

«La lucha por una comprensión correcta de la Iglesia»

Finalmente, el Papa detalla que ha escrito esta carta para «señalar la dirección en la que me ha llevado mi trabajo”, refiriéndose, parece, no solo a su trabajo en aquellos años 60, sino en su carrera, ya que la escribe a este simposio dedicado a reflexionar sobre toda su obra.

“Espero sinceramente que el Simposio Internacional de la Universidad Franciscana de Steubenville sea útil en la lucha por una comprensión correcta de la Iglesia y el mundo en nuestro tiempo”, añade Benedicto XVI.

El Papa Emérito renunció al trono pontificio hace ya 9 años, en 2013. Rigió la Iglesia algo más de siete años, de 2005 a 2013. Tras su retirada, ha limitado mucho sus pronunciamientos, que suelen centrarse en algunas reflexiones teológicas en escritos privados.

Con 95 años, ha superado los 93 años que vivió León XIII y se le considera el Pontífice de vida más longeva (aunque se dice, pero es dudoso, que el Papa Agatón, del s.VII, vivió hasta los 102 años).

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