El Papa se inscribe en la JMJ de Lisboa desde una tablet tras el Ángelus; predicó sobre la humildad

adminoctubre 23, 20228min340
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En agosto de 2023 tiene lugar en Lisboa la Jornada Mundial de la Juventud y el Papa Francisco acaba de inscribirse a través de una tablet, a la vista de fieles y peregrinos, en la ventana del Palacio Apostólico, tras el rezo del Ángelus de este domingo.

Acompañado de uns jóvenes portugueses, Francisco anunció: “Hoy se abre la inscripción para la 37ª Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Lisboa en agosto de 2023. He invitado a dos jóvenes a estar aquí conmigo, ya que también me inscribo como peregrino”.

El Papa hizo clic en en la tableta y también lo hicieron los jóvenes acompañantes -era universitarios portugueses residentes en Roma- como invitación para que empiecen a inscribirse los peregrinos a Lisboa.

«Aquí, me he registrado», dijo el Papa. «Queridos jóvenes, los invito a inscribirse en este encuentro en el que, después de un largo período de distancia y aislamiento, redescubriremos la alegría del abrazo fraterno entre pueblos y entre generaciones, el abrazo de la reconciliación de la paz, que tanto necesitamos”, exhortó.

El Papa saluda con unos jóvenes portugueses que estudian en Roma

La JMJ de Lisboa se celebrará del 1 al 6 de agosto y las inscripciones se centralizan en la web lisboa2023.org. En sí, el acceso a todos los actos de la JMJ de Lisboa es gratuito: desde la Misa de Apertura hasta el encuentro con el Papa, pasando por el Vía Crucis, la Vigilia y la Celebración Eucarística de Clausura.

La organización ofrece distintos servicios en paquetes diferentes: alojamiento, comida, seguro de accidentes personales, transporte, kit del peregrino…

El tema espiritual elegido por el Papa Francisco para la JMJ es: «María se levantó y se fue deprisa», una forma de invitar a los jóvenes a ser valientes y activos.

El fariseo y el publicano

El Papa también predicó antes del rezo del Ángelus, respecto al tema de la misa del día, la parábola del fariseo y el publicano, centrándose en la necesidad de ser humildes para crecer ante Dios.

«Dos hombres subieron al templo a orar» (Lc 18, 10) pero solo uno de ellos lo hace con humildad«, detalló el Papa. El fariseo, recordó, era un religioso. El publicano era «un pecador declarado».

El Papa señaló que el verbo «subir» («subieron al templo») “expresa la necesidad del corazón de desprenderse de una vida plana para encontrarse con el Señor; de levantarse de las llanuras de nuestro ego para ascender hacia Dios; de recoger lo que vivimos en el valle para llevarlo ante el Señor”. Pero más adelante toca ‘bajar’: “descender dentro de nosotros mismos: cultivar la sinceridad y la humildad de corazón, que nos permiten mirar con honestidad nuestras fragilidades y nuestra pobreza”.

Así proclamó la humildad, porque con ella «somos capaces de llevar a Dios, sin fingir, lo que somos, las limitaciones y las heridas, los pecados y las miserias que pesan en nuestro corazón, y de invocar su misericordia para que nos cure y nos levante. Cuanto más descendemos en humildad, más nos eleva Dios”.

La soberbia espiritual y el yo insistente

No fue humilde el fariseo, que “se exalta a sí mismo, seguro de sí mismo, convencido de que está bien: de pie, se pone a hablar con el Señor sólo de sí mismo, alabándose, enumerando todas sus buenas obras religiosas, y desprecia a los demás”.

La actitud del fariseo, el Papa Francisco la denomina “soberbia espiritual: te lleva a creerte bueno y a juzgar a los demás. Y así, sin darte cuenta, adoras a tu propio yo y borras a tu Dios”, dice.

El Pontífice invitó a los fieles a examinar de manera personal «la presunción interior de ser justos» (Lc 18, 9) que como el fariseo “lleva a despreciar a los demás”.

También previno el Pontífice contra el narcisismo y el exhibicionismo, “basado en la vanagloria, que también nos lleva a nosotros los cristianos, a nosotros los sacerdotes, a nosotros los obispos, a tener siempre la palabra «yo» en los labios: yo hice esto, yo escribí aquello, yo dije aquello, yo entendí aquello, etc. Donde hay demasiado yo, hay poco Dios”.

El Papa rezó la oración del Ángelus pidiendo la María Santísima su intercesión: “la humilde esclava del Señor, imagen viva de lo que el Señor ama realizar, derrocando a los poderosos de sus tronos y levantando a los humildes (cf. Lc 1,52)”.

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