La Agenda 2030 busca el «subvertir los 10 mandamientos»: 12 motivos de fe para no aceptarla

adminoctubre 25, 202219min260
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«¡Es el globalismo!»: esta acusación, que hace unos años se hacía en voz baja y con miedo a la opinión pública es hoy una palabra en boca de todos.

Ciudadanos de a pie, tertulianos de no pocas emisoras de radio e incluso artículos periodísticos y conversaciones en el vagón de metro delatan que este término referido a la supresión de las soberanías e identidades nacionales cobra cada vez mayor protagonismo.

Sin embargo, los expertos en la cuestión afirman que no es nada nuevo. De hecho, según el doctor en Historia Tomás López Pizcueta, el «brazo armado» del Globalismo -la «Agenda 2030»- no es sino un «resumen y compendio de las decisiones de las grandes conferencias internacionales de la ONU sobre población» desde la década de los años 50 del siglo pasado.

Como doctor en Historia y antiguo encargado de la digitalización de medios de comunicación como La Vanguardia, Pizcueta ofrece una diferenciación digna de atención. Especialmente para los católicos interesados al respecto, pues no son muchos los que se atreven a afirmar como él que el conflicto ideológico a día de hoy va más allá del «Globalismo vs Patriotismo».

En su opinión, esta es una parte importante del debate, pero no la nuclear. «Estamos ante un combate que debe plantearse como algo espiritual«, afirma enérgico. Y como tal, sus orígenes se remontan al comienzo de la humanidad.

Sin embargo, observa como esta Agenda 2030 y sus 17 objetivos -reconocibles por el logo multicolor que la práctica totalidad de políticos lucen en su solapa- se difunden entre no pocos católicos que considera «víctimas del buenismo». Estos, dice, olvidan que «la Agenda es lo que es y no lo que nos gustaría que fuera».

Pero, ¿qué es la Agenda 2030? Para muchos es algo desconocido, para otros una serie de metas loables y filantrópicas. Algunos creen que no es «ni mucho ni tan poco» y los más versados los contemplan como una serie de objetivos destinados a cumplirse en los próximos años, propuestos -o impuestos- por los grandes poderes globales.

Para Pizcueta no es más que una forma más de erosionar la Civilización cristiana y, por tanto, algo que «un católico coherente no puede suscribir«.

¿El motivo? Fue la tesis de su última conferencia al respecto. Te ofrecemos 12 razones que ofreció el mismo Pizcueta:

1º Un fundamento ético… de dudosa ética: la Carta de la Tierra

El primer argumento es el fundamento ético de la Agenda 2030, para Pizcueta residente en la Carta de la Tierra. Un documento firmado en 1997 y prologado por Mijaíl Gorbachov -Jefe de Estado de la URSS entre 1988 y 1991- que expresa la intención de «ayudar a la humanidad a cambiar la visión antropológica del hombre».

 «Se necesita hacer la transición del hombre como rey de la naturaleza a la convicción de que forma parte de ella. Necesitamos un nuevo paradigma que reemplace los vagos conceptos antropológicos… y el mecanismo que usaremos será el reemplazo de los diez mandamientos por los principios contenidos en esta carta», añade el documento.

2º La Tierra, ¿es merecedora de adoración?

El doctor en Historia destaca que si bien desde la cosmovisión cristiana «siempre se ha apoyado el cuidado de la tierra y la creación», este no ha sido «por la naturaleza en sí, sino por ser un regalo de Dios». «La Tierra es un don de Dios y debemos cuidarla, es un bien moral». Sin embargo, la Agenda, lejos de contener ningún referente espiritual, «trata de ser una especie de cielo en la Tierra, pero sin Dios».

3º Suprime las soberanías, identidades y tradiciones nacionales

También las cristianas. De hecho, «especialmente» las cristianas, según Pizcueta. Y es que en su opinión, los promotores de la Agenda 2030 quieren, con ella, «derrumbar, debilitar  y suprimir las soberanías nacionales» legítimas. ¿Cómo? «Haciendo un documento que se imponga como principio y guión -la Agenda- de toda decisión política. Todo gira en alrededor de ella, ya no sirven las constituciones nacionales, muchas de ellas [especialmente las] impregnadas de valores cristianos«, responde.

4º No persigue el bien de la persona, sino el de la Tierra

Una idea fuerza a lo largo de toda la ponencia fue la raíz maltusiana de la Agenda 2030, consistente en la teoría que justifica el control de la población para que haya recursos para todos, explica Pizcueta: «A través del aborto -que no deja de ser un genocidio- de la ideología de género -con la que no se puede concebir- o fomentando la eutanasia y eugenesia, pues es mejor que esas personas no vengan -según sus partidarios-. La ecología es el centro de toda decisión y no la persona».

A continuación se refirió brevemente al Concilio Vaticano I para expresar que «todo lo que tenemos es un regalo de Dios, porque por lo que nos ama ha querido crearlo, no para aumentar su gloria sino para manifestarla y comunicarla».

Conoce aquí seis argumentos para desmontar a la Agenda 2030.

5º Una nueva religión al margen de Dios y la Verdad

Acto seguido el historiador citó las palabras de Paul Watson, confundador de Greenpeace -no importa lo que es verdad, solo cuenta lo que la gente cree que es la verdad- para referirse a la revisión de la religión que pretende llevar a cabo la propia Agenda.

Y es que «hay que sacralizar el discurso porque al hacerlo lo revestimos de espiritualidad, de algo sagrado, grande y elevado. Por tanto, hagamos que el ecologismo sea una nueva religión mientras se vacía a la católica«, explica, concebida cada vez más como «una institución de autoayuda».

«Pero la Iglesia no es una ONG, no es solo un grupo de gente buena que hace cosas buenas: es la transmisora, custodia y guardiana de la fe que nos dio Jesucristo y no podemos vaciarla de su contenido», afirma.

6º Condena -y combate- al cristianismo como culpable de la crisis

En este sentido, recoge que mientras el mensaje evangélico al respecto es que «Dios dio la creación para su explotación y nuestros propios fines», el de los partidarios de la agenda es el contrario: «Pertenecemos a la Tierra, la Tierra no nos pertenece«.

«Sin embargo, la cosmovisión católica al respecto -conocida como abrahámica- es que Dios creó al hombre y le dijo: `Someted a la tierra´. Una visión que debe ser combatida que tienen los cristianos -y particularmente los católicos-«, según la cual «es voluntad de Dios que el hombre explote la tierra para sus propios fines», explica. Siguiendo estos pasos, solo resta una consideración de cara a los cristianos: «El cristianismo es el culpable de la crisis medioambiental y debemos combatirlo«.

7º Suplantada la fe, el ecologismo asciende como una nueva religión

Pizcueta explica que en este conflicto, el paradigma moral del ecologismo es «cuidar del planeta en sí mismo, no por ser un bien moral que hace mejor al hombre». Asimismo, añade, «es un proyecto de ética universal, pero basado en valores relativos y sostenibles» basados en el consenso.

Así, «no solo pretenden eliminar los diez mandamientos, sino subvertirlos tratando de convertir lo malo en bueno e incluso en un derecho, una perversión de todo el orden natural», explica.

Menciona, además, que pretende ser un cuerpo de valores «sostenibles pero basados en el consenso». Algo que es «imposible», pues cuando deje de haber consenso dejará de ser sostenible: «Para que [un proyecto] sea sostenible, tiene que estar basado en valores inmutables y universales como en los diez mandamientos, que no son patrimonio de los católicos sino de toda la humanidad, porque ahí se compendia toda la Ley Natural».  

8º Para la Agenda, el hombre es «un ser vivo más de la creación»

«Según ellos, el hombre es una plaga y causante de todo este desastre, por tanto hemos de acabar con él con el aborto o la eutanasia. El hombre no tiene dignidad, solo la Madre Tierra», dicen. «Sin embargo, el hombre tiene dignidad, entre otras cosas porque Cristo se encarnó en un hombre. El Hombre, después de los ángeles, es la criatura más excelsa de Dios y no una plaga», afirma.

9º Elimina a Dios y pone el cuidado de la tierra como fin del hombre

Además de sustituir la moral cristiana por una conciencia ecológica, explica. En este sentido, destaca la importancia de que los cristianos asuman que el mensaje evangélico es actual y universal, también en lo relativo al cuidado de la creación. Algo en lo que, sin embargo, puede llevar a confusión entre medios y fines.

«Cuidar el planeta, enseñar a los niños a no tirar la comida o a no tirar el papel al suelo… todo ello no se debe enseñar [en última instancia] por cuidar el planeta, sino por no ser sucios, por nuestra virtud«. Además, «es falso que Dios no creó al hombre para ser una parte de la naturaleza, sino para que la dominase y viviera de ella», explica.

10º Promueve la eliminación de la familia o la familia pequeña

Antes de finalizar su intervención, Pizcueta citó uno de los puntos de la Conferencia Mundial de Población de Bucarest de 1974 -antecedente de la Agenda- como una de las grandes conferencias promotoras de la disminución de la natalidad y la familia:

«Empleen, cuando sea necesario y conveniente, a personal sanitario profesional y auxiliar adecuadamente capacitado, trabajadores de divulgación rural y de economía doméstica y trabajadores sociales, así como conductos no gubernamentales, para ayudar a prestar servicios de planificación de la familia y asesoramiento a los que utilicen métodos anticonceptivos. Se aseguren de que la información y la instrucción sobre planificación de la familia y otras cuestiones que afectan la fecundidad se basen en conocimientos científicos válidos y probados e incluyan una descripción completa de todo riesgo que pueda acarrear el uso de métodos anticonceptivos o el no usarlos».

11º Promueve el relativismo sexual, el aborto y la liberación sexual

Para Pizcueta, uno de los principales problemas que presenta la Agenda respecto a la fe católica es el relativo a la libertad sexual. La libertad de la Agenda, definida vagamente como la «paz universal dentro de un concepto más amplio de libertad», conlleva la ampliación de los llamados derechos sexuales y reproductivos -aborto, uniones homosexuales o igualdad de géneros-, siguiendo la máxima de la Escuela de Frankfurt de que «la paz llega cuando la persona se libera sexualmente«.

En este sentido, la Agenda emplea un lenguaje encaminado a «caer en el relativismo», de modo que sociedades ‘inclusivas’ es «el todo vale» y la salud sexual significa «aborto»: «Los cristianos no rechazamos a ningún homosexual y deberíamos amar a todos porque así lo enseñó Nuestro Señor. Pero se quiere al pecador, no al pecado, y no todo vale. Se trata de una rebelión contra Dios y la naturaleza».

12º Dirigida a eliminar al que impida el desarrollo sostenible

Cita en último lugar la interpretación del tercer ODS del documento Transformar nuestro mundo, que manifiesta su compromiso en «garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación familiar, información y educación». Asimismo, valora «las enfermedades no transmisibles, incluidos los trastornos conductuales, evolutivos y neurológicos» -como el síndrome de Down- como «un grave impedimento para el desarrollo sostenible» susceptible de esos servicios de «planificación familiar».

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