El niño milagrado, el land rover del milagro y la beatificación de la misionera sin tumba

adminnoviembre 10, 202210min250
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El pasado 5 de noviembre el cardenal arzobispo de Kigali, Antoine Kambanda, como enviado especial del Papa, proclamó como beata ante una multitud entusiasmada a la religiosa Maria Carola Cecchin, una misionera cotolenguina italiana fallecida por enfermedad el 13 de noviembre de 1925, cuando volvía en barco por el Mar Rojo hacia su país.

La hermana Carola tenía 48 años al morir y había vivido 20 en África, incluyendo los años duros de la Primera Guerra Mundial. Había visto enfermar y morir a otras religiosas, y también a muchos en las poblaciones que cuidaban en África. «Na bôna mort a pagrà tut», decía en dialecto: ‘una buena muerte lo pagará todo’.

Parece adecuado que ella, que acabó su vida en un viaje, haya llegado a la beatificación gracias a un milagro reconocido por la Iglesia que permitió el inicio de otra vida en otro viaje. El niño milagrado se llama Hilary Kiama Msafiri, hoy tiene 9 años y acudió a la ceremonia en el Kinoru Stadium, en el condado Meru, donde todos le aplaudieron. Él sabe que desde su nacimiento está ligado a una religiosa blanca de un siglo atrás.

Un parto en carretera bajo la lluvia

El 12 de abril de 2013 los padres de Hilary Kiama se presentaron en el Centro Católico de Salud en Gatunga sospechando un parto adelantado. La madre permaneció en observación esa noche pero al llegar el día la enviaron a reposar a su casa. Volvieron de nuevo de noche, ella tenía grandes dolores. A las 3.55 de la madrugada la pusieron en el land rover de la misión y condujeron de noche y bajo la lluvia rumbo al hospital católico de Saint Orsola Matiri, donde podrían hacerle una cesárea de emergencia. Otras rutas estaban aún en peores condiciones. Con la pareja estaba el conductor, una partera y una religiosa keniata, la hermana Gathoni.

El Land Rover del milagro, de la diócesis de Meru, donde nació el pequeño Hilary Msafiri

Después de una hora de carretera, el land rover se detuvo: la mujer estaba ya dando a luz. Nació el bebé… pero no lloraba, estaba azul, sin reflejos, sin moverse, sin tono muscular. No respiraba. La partera dijo que había nacido muerto. Durante diez minutos intentaron reanimarlo, y el cuerpecito no reaccionó.

Mientras tanto, la madre había empeorado, y se estaba desangrando. Todos se volcaron en ella, que preguntaba sin cesar si el bebé estaba vivo. La hermana Gathoni, que sostenía el cuerpecito inmóvil del niño, rezó.

«Maria Carola, haz un milagro»

«Tomé aliento brevemente y entonces dije: ‘Maria Carola, haz un milagro'», explica la hermana Gathoni en ACIAfrica. «Entonces me senté mirando al niño. De repente, noté un movimiento en su pecho y abrió sus manos. Y entonces grité: ‘¡Está vivo!» Apareció el color rosa, empezó a moverse y el bebé lloró.

La madre, la señora Muriungi explicó a ACIAfrica sus recuerdos de esa noche. Quedó muy débil al nacer el bebé y recuerda haber tomado su cuerpo sin vida en las manos antes de desmayarse. El padre, Joseph Muriungi, detalla que «la enfermera me había dicho que el niño no tenía señales de vida al nacer, y no se centraron mucho en él, sino que se concentraron en mi mujer».

El doctor le dijo al padre que «había una monja con ellas que sabía mucho de Sor Maria Carola y empezó a rezar». El padre explica: «Después de 30 minutos de orar, miraron al niño, notaron un pulso y lo tomaron y lo dieron a su madre».

Joseph Muriungi era entonces un cristiano protestante metodista, pero ahora es católico, y dice que si el muchacho, que crece sano, decidiera entrar en vida religiosa, él no pondría objeciones.

La noticia de la beatificación en la televisión pública de Kenia.

Alegría en la iglesia de Kenia y la familia del Cotolengo

La beatificación de Sor Carola es la segunda que se celebra en suelo de Kenia. La anterior fue en 2015, la de la hermana Irene Stefani, otra misionera italiana, en este caso de la Consolata. Los nativos la llamaban «Nyaatha», es decir, «madre misericordiosa». Sirvió en África como evangelizadora, patera y enfermera, y fue enfermera de Cruz Roja en la Primera Guerra Mundial. Murió en 1930 de peste con 39 años.

Miles de personas acudieron desde zonas lejanas a la ceremonia por Maria Carola, que duró más de 4 horas y contó con numerosas danzas de colegios y comunidades católicas. También acudieron superiores y representantes de la Familia de San José del Cottolengo.

Danzas en la beatificación de la hermana Maria Carola (medio minuto).

Sor Carola formó parte de un grupo de 43 religiosas italianas del Cotolengo que acudieron a África a ayudar a las hermanas de la Consolata, que habían llegado antes pero enfermaban y morían en grandes cantidades y se encontraban con territorios enormes y de difícil acceso.

En la ceremonia de beatificación, además del enviado papal y los obispos locales, habló el gobernador del condado de Meru, Kawira Mwangaza, que puso la vida de la beata como ejemplo de colaboración y unidad.

Su vida la cuenta su biógrafa la Hermana Antonietta Bosetti en un librito reciente, recordando que sirvió entre las etnias kikuyu (famosos por la película «Memorias de África») y los meru.

Sor Carola murió a las 5 de la mañana (casi la hora en la que recuperó la vida asombrosamente el bebé Msafiri), en el barco de vuelta a Italia, y fue envuelta en una sábana y arrojada al mar, según la costumbre marinera de la época, rodeada del llanto de sus compañeras. Así, no dejó reliquias, ni tumba, solo el recuerdo de sus obras y virtudes.

Ceremonia completa de beatificación (4h 45min, y mucha música y danza).

 

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