Cuando parroquia y escuela católica juntas suscitan conversiones: dos historias recientes de EEUU

adminnoviembre 11, 20228min140
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Dirk Bartlett se formó en EEUU en una familia que acudía a una iglesia protestante «muy liberal», la United Church of Christ, una denominación que, por ejemplo, desde 2005 defiende con entusiasmo que el matrimonio puede ser también la unión de dos personas del mismo sexo. En 2021, para no limitarse a «dos personas», esta iglesia anunció un estudio de las virtudes del «poliamor» (uniones sexo-afectivas más o menos estables entre más de dos personas). Aunque pierde fieles cada año, aún cuenta con unos 780.000 miembros.

Bartlett no llegó a ver esas variantes porque desde que llegó a la vida adulta se alejó de esta iglesia y de cualquier religión. Pero después conoció a Anna, una chica católica. Él dijo que nunca se haría católico, pero aún así se casaron y tuvieron hijos. Y después de nacer los niños, Anna empezó a insistir en que todos, también él, debían ir juntos a misa, como familia. Y él accedió.

Dick  Barlett y su esposa Anna, con sus hijos. Tienen una historia de acercamiento a la fe.

Dick y su esposa Anna

Lo que oía en misa «sonaba razonable»

Bartlett no entendía muchas de las cosas que se hacían en misa, pero prestaba atención a lo que predicaban los sacerdotes y le parecía todo muy razonable. También hicieron amigos rápidamente en la parroquia. «Aunque yo no era católico, me hicieron sentir bienvenido», explica en The Arlington Catholic Herald.

Después, su hija empezó a ir a preescolar a la escuela católica de Santa Rita, en la ciudad de Alexandria. Dirk observó que la niña enseguida pasó de ser tímida y muy asustadiza a una niña alegre y extrovertida. Le admiró ese fruto en el colegio.

Más adelante, murió un niño en el colegio. Los Bartlett vieron que la familia del niño, ante esta tragedia, se apoyaban en sus amigos de la parroquia y en la fe, y encontraban fortaleza y consuelo. «Observar la fuerza que obtenían es lo que me atrapó», explica Dirk.

Decidió hacerse católico y entrar en el curso de formación para ello. Además, con sus amigos de la parroquia queda con frecuencia y hablan de cosas de fe y de muchas otras. «Intentamos ir juntos a la primera misa del viernes y desayunar después, un grupo de tíos charlando», dice.

Esta es una de las historias de acogida y conversión que The Arlington Catholic Herald ha encontrado ligadas a escuelas católicas, pero hay algunas más.

El niño volvía a casa pidiendo ir a misa

Otra historia es la de Steve Sherman, de origen protestante presbiteriano, aunque alejado de la fe, y su esposa Carol. Descontentos con la escuela pública decidieron llevar a su hijo Jacob a una escuela privada. Exploraron algunas escuelas privadas protestantes pero al final les convenció la escuela católica de Woodbridge, St Thomas Aquinas.

El niño volvía a casa haciendo preguntas sobre temas de fe, con ganas de aprender mucho más. Y después, explica el padre, «empezó a pedirme que le llevara a misa y a la capilla a rezar». Lo siguiente es que el chaval pidió hacerse católico.

El diácono dijo al padre:

– Jacob ha recibido formación católica y estamos preparados para recibirlo, pero no podrá cumplir sus obligaciones de la iglesia si no es algo que tú quieras hacer.

Steve se lo pensó, un poco desconcertado, y respondió:

– Quiero apoyarle, así que dejadme ver qué es lo que tengo que hacer…

¡Fue parroquiano de Scott Hahn!

Y así empezó su camino al catolicismo. Empezó a ir a misa y le asombró la forma reverente en que los clérigos tratan la Eucaristía. Después, el diácono le regaló un libro del popular biblista Scott Hahn, un presbiteriano convertido al catolicismo hace décadas. ¡Resultó que Steve y Scott Hahn eran del mismo pueblo y habían ido a la misma iglesia!

Leyendo el capítulo 6 de Juan, sobre el Pan de Vida, se convenció de que la visión católica de la Eucaristía era la verdadera.

Su hijo preadolescente Jacob fue bautizado en la Vigilia Pascual, y recibió esa misma noche la Primera Comunión y la Confirmación. Cuarenta días después, en Pentecostés, su padre Steve era aceptado en la Iglesia… ¡y su hijo era su padrino-sponsor, por un permiso especial del obispo! «Fue una experiencia única y maravillosa, un vínculo único que compartiremos para siempre», explica.

Ahora Steve colabora impartiendo las clases para personas interesadas en conocer la fe… y su esposa Carol es una de las alumnas.

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