Estamos en el año de la macabra «Soylent Green», con 8.000 millones de personas, y mucho ha mejorado

adminnoviembre 16, 202217min130
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Estamos en 2022, el año de la macabra película setentera «Soylent Green», según la cual deberíamos estar comiéndonos a nuestros muertos, reutilizados como galletitas.

Pero vemos que la ONU celebra estos días el nacimiento del habitante número 8.000 millones y la cosa no parece, ni de lejos, cumplir las previsiones de aquella película, titulada en español Cuando el destino nos alcance... y ya nos alcanzó.

La ONU lo ha simbolizado con el nacimiento de un bebé de República Dominicana llamado Damián, que ha nacido en la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, en Santo Domingo. Con sus 2,77 kilos y 52 centímetros, fue el protagonista indiscutible de la noche del martes 15 de noviembre de 2022. 

El bebé Damián en República Dominicana es, simbólicamente, el habitante 8.000 millones del plantea

Nunca hubo tanta gente en el planeta. La prensa lo acompaña de algunas cifras esperanzadoras. Algunos periódicos citan datos de GapMinder.org, que dicen que si en 1974 el 44% de la población mundial vivía en pobreza extrema, hoy sólo la sufre un 10% de la población (aún así muchos sufren pobreza, aunque no tan extrema).

Natalia Kanem, directora ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), dijo que llegar a los 8.000 millones de habitantes “es un hito trascendental para la humanidad”.

De forma bastante asombrosa para lo que solemos esperar de UNFPA, añadió: “Algunos expresan su preocupación de que nuestro mundo está superpoblado con demasiadas personas y recursos insuficientes para mantener sus vidas. Estoy aquí para decir claramente que la gran cantidad de vidas humanas no es motivo de temor”.

Es una gran diferencia con la mentalidad catastrofista y antinatalista de los años 60 y 70. El ejemplo clásico para recordar es la novela de ciencia ficción muy anticatólica «Hagan sitio, hagan sitio», de Harry Harrison, publicada en 1966, que inspiró la película «Soylent Green» en 1973.

Se supone que el desastre debía llegar en 1999

La novela decía que en 1999 en el mundo habría 7.000 millones de personas y todo sería un infierno. La película lo aplazaba un poco, decía que sucedería en 2022. Ya hemos llegado y con mucha más gente.

Según la novela y la película, con 7.000 millones de habitantes el calor sería inaguantable y con los difuntos se harían galletitas para comerlas (detalle que popularizó la novela).

Soylent Green Cuando el destino nos alcance con excavadoras

Dibujo inspirado en la película de 1973 «Soylent Green», en español titulada «Cuando el destino nos alcance», basada en la novela alarmista de Harry Harrison: multitudes empujadas por excavadoras… por culpa de la oposición católica a la anticoncepción.

En Nueva York habría agua y electricidad solo a ratos, sin combustible ni transportes. la comida estaría racionada, la gente haría cola por un lujoso vaso de cerveza; las galletas hechas con cultivos de algas suben de precio cada día porque «cuantas más personas hay, más difícil resulta abastecerlas, cuanto más lejos hay que traer las algas, más caras». Y los mensajes los llevarían niños mensajeros a pie, corriendo, porque no quedaría gasolina y al novelista Harrison en 1966 no se le ocurrió que en 1999 hubiera Internet.

Lo cierto es que en 1966 la gente interesada ya veía muchos avances positivos de la llamada «revolución verde«, la inmensa mejoría en la capacidad humana de producir alimento, pero Harrison eligió ignorarlos.

La novela es especialmente anticatólica en sus últimos capítulos, cuando las autoridades obligan a los novios protagonistas a meter en su piso a una familia numerosa católica con muchos niños malcriados.

Soylent Green y la novela Hagan Sitio, portada y cartel

Un «sabio» que es la voz catastrofista del escritor recita: «los árboles han sido talados, los animales se han extinguido y 7000 millones de personas luchan por la migajas, procreando sin control [del Gobierno]. […] Los católicos han impuesto sus creencias al resto de nosotros y ahora pagamos las consecuencias. El ritmo menstrual que permiten no es suficiente. Ni lo es la píldora, no para todo el mundo. ¿Cuando darán su aprobación al DIU? Los ríos, ¿quién los ha contaminado? El agua, ¿quién se la ha bebido?»

En la película, el «sabio» personaje acaba suicidándose con eutanasia, como un «gran servicio» a la humanidad, se entiende.

En 2020, la Iglesia Católica tiene sus problemas, como siempre, pero la falta de fieles a nivel mundial no es uno de ellos: cuenta con 1.360 millones, y gana 15 millones más cada año. Es el 17,7% de la población mundial. Crece por la vía demográfica: los católicos tienen hijos, sobre todo en África.

Y, no, en 2022 la Iglesia Católica sigue sin aprobar la anticoncepción (no podría), y propone los métodos naturales de regulación de natalidad (que no es sólo «el ritmo menstrual» de los años 60) como una opción ética y equilibrada para las familias.

Contra la pobreza, escuelas; no anticoncepción

La errónea ecuación catolicismo=natalidad=pobreza sigue coleando. En 2015, por ejemplo, un lobby ateo inglés, la National Secular Society, hacía una campaña de promoción del control poblacional y criticaba a los católicos. «La Iglesia Católica, con sus restricciones al control de natalidad, es una de las mayores amenazas contra el esfuerzo por proteger el medio ambiente», aseguraba su director ejecutivo, Keith Porteouswood, en Breitbart.com. El activista inglés repetía el mantra caduco de los años 60, de antes de las patillas y los pantalones acampanados: «Animar a la anticoncepción reduciría las enfermedades, la mortalidad materna y la pobreza infantil», predicaba.

En realidad, hace ya tiempo que se sabe -y la ONU lo admite- que lo que de verdad reduce las enfermedades, la mortandad materna y la pobreza infantil es la educación y la escolarización.

Especialmente es útil esforzarse en escolarizar a las niñas: las ayuda a retrasar su edad de de ser madres (dando a luz con más madurez física y emocional), a casarse mejor, y a cuidar mejor a sus hijos.

Las escuelas católicas en África: medio millón adicional de alumnos cada año

En 2008, según el Anuario publicado en 2010, África tenía 57.400 centros escolares católicos de infantil, primaria y secundaria. Doce años después, en 2020, tenía 77.700. O dicho de otra forma, la Iglesia abre cada año 1.700 escuelas más en África. Es un esfuerzo colosal.

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En 2020 la Iglesia tenía 26,6 millones de menores de edad en sus escuelas africanas (el equivalente a toda la población de Australia, de todas las edades). Y cada año crece con medio millón más de niños en sus escuelas.

El mundo ha logrado avances económicos importantes. Por ejemplo, se suele señalar que entre el 2000 y 2014 se triplicó la clase media en once países subsaharianos: Angola, Etiopía, Ghana, Kenya, Mozambique, Nigeria, Sur Sudán, Sudán, Tanzania, Uganda y Zambia… todos ellos países con gran natalidad. Es la educación y el comercio, no la anticoncepción, lo que logra el desarrollo de los pueblos. Por el contrario, ayudan a perpetuar la pobreza las guerras, como la de Etiopía en Tigray, Ambazonia en Camerún, dictaduras militaristas como la de Eritrea o el terrorismo generalizado de Boko Haram y otros yihadistas en el Sahel… Y la de Ucrania en plena Europa. 

La profecía desastrosa de Paul Ehrlich

Jennifer Roback Morse, presidenta del Ruth Institute, recuerda con sorna que «en 1968 Paul Ehrlich escribió The Population Bomb, pronosticando una hambruna mundial en los 70, cuando la población de la tierra era de 3.500 millones». No fue así.

Roback Morse tiene una visión más optimista de las dinámicas poblacionales. “En la Historia, los crecimientos de población han llevado a más prosperidad. Más gente es más exploración, más desarrollo de recursos y nuevos métodos de producción agrícola e industrial».

Con las personas, llega la creatividad de las personas. Como se suele decir, el petróleo no servía para nada hasta que alguien inventó motores.

Roback Morse señala que hay un peligro de envejecimiento en muchos países occidentales. Pero a nivel global, asegura, «en vez de lamentar la llegada del Bebé 8.000 millones, lo celebramos; necesitamos toda la gente que podamos».

Un 20 por ciento de españoles son mayores de 65 años, y la mitad del país supera los 45

Un 20 por ciento de españoles son mayores de 65 años, y la mitad del país supera los 45.

Los cálculos de Naciones Unidas son que en 2037 se alcanzarán los 9.000 millones y luego el ritmo se ralentizará, llegando a los 10.000 en 2080. Egipto, Etiopía, India, Filipinas, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo y Tanzania registrarán más de la mitad del crecimiento de la población mundial hasta 2050. Se calcula que solo Egipto tiene hoy más jóvenes que toda Europa Occidental, al otro lado del Mediterráneo.

España, donde las mujeres tienen una edad media de 45 años, tiene en cambio una natalidad desastrosa ya hoy (lleva varios años con más muertes que nacimientos) y para el futuro, porque esas mujeres de 45 años NO van a tener hijos.

Y un aviso  del economista David Goldman, autor de «Así mueren las civilizaciones«: sin más religión, probablemente no habrá más natalidad (léalo aquí).

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