Tras 3 años de misionero en Nicaragua, alerta de que «el objetivo es la Iglesia»: «La quieren muda»

adminnoviembre 19, 202210min160
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En su larga experiencia como misionero, Ángel Almansa Rodríguez ha visto lo suficiente para asegurar que «el ateísmo no existe«, pues  «todos hemos endiosado a alguien o algo». Sin embargo, afirma que si merece la pena «endiosar a alguien», ese es «el Dios del amor».

Una convicción que ha llevado a este sacerdote originario de Almadén (Ciudad Real, España) de 59 años a recorrer suficientes zonas representativas del primer y tercer mundo para conocer las fuertes diferencias con las que se vive el Evangelio.

Como misionero, Almansa se ha entregado al municipio de Criptana desde su ordenación en 1986 hasta 1993, donde sus residentes aún le recuerdan por la labor realizada con jóvenes y drogodependientes.

Su primer destino como mimbro del Instituto Español de Misiones Extranjeras fue Zambia (África). Allí tuvo que levantar la misión de Saint Dorothy, un territorio de cinco mil kilómetros cuadrados con cerca de 30 comunidades incipientes y multitud de lenguas bantúes.

«El día a día lo dedicábamos a escuchar gente, la formación de líderes para  las comunidades, especialmente catequistas; visitar enfermos, a la celebración de los sacramentos y a los proyectos de desarrollo como el hospital de Ipafu, escuelas rurales o proyectos agrícolas», explicó al portal de la diócesis de Ciudad Real. Allí permaneció casi diez años.

Su último destino ha sido la inestable Nicaragua, sumida en un régimen sandinista que ha hecho de la Iglesia uno de sus principales objetivos a abatir. Durante sus tres años de misiones, de los que ha regresado recientemente a España, estuvo destinado como profesor de Sagrada Escritura y formador en el Seminario Nacional de Nuestra Señor a de Fátima, así como en las comunidades montañesas de Kukra Hill, Laguna de Perlas y Río San Juan.

«Bajo intimidación constante» en Nicaragua

Si bien nunca ha llegado a temer por su vida en el país hispanoamericano, admite en una reciente entrevista concedida a Laura Figueiredo que ha sufrido una «intimidación y vigilancia casi constantes» ante la situación que enfrenta la Iglesia en Nicaragua.

«Ortega Murillo -su presidente- ha transformado el país en una dictadura», asegura, que tenía como su primer objetivo a «los candidatos de la oposición», a quienes se detuvo desde 2008. Una vez alcanzado, «el siguiente objetivo fue la Iglesia libre frente al poder, crítica y que denuncia la violación» de los derechos y libertades. «Unas denuncias que llevaron a represalias con encarcelamientos y obispos exiliados o retenidos. Quieren una Iglesia muda«, sentencia.

Durante su periodo como misionero en Nicaragua, si bien su destino principal era el seminario de Managua, admite que siempre que podía se escapaba para ayudar a las comunidades campesinas, en algunos casos a 15 horas del seminario, 6 en camioneta y 9 en bote.

«Ahí te cuentan y compartes sus alegrías y sus penas, son gente abierta, sencilla,  humilde», explica.

Pese a que Nicaragua posee una Iglesia con unas cartas nada envidiables para países occidentales, el misionero observa que las diferencias en el modo de vivir la fe entre las ciudades y las comunidades de campesinos y zonas rurales son elevadas.

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El misionero de Ciudad Real Ángel Almansa, en el Seminario de Managua (en el centro), con algunos de los encomendados a su formación.

El Evangelio, ¿un producto o una vida?

«El Evangelio en las ciudades no deja de ser un producto a consumir, se transforma en unos sacramentos que se consumen cuadrando con fechas y restaurantes. Esto es un bufé religioso», denuncia. Algo que no tiene nada que ver con las comunidades rurales, donde «se vive y practica el Evangelio en el día a día».

«Cuatro vacas que se ordeñan, se echa una mano al vecino cuando está enfermo y no puede hacer su trabajo en el campo o con los animales, se comparte…. La gente se organiza con solidaridad y se vive con alegría el Evangelio. [Son] comunidades que entienden la fe como una vivencia más allá de tanto humo»,  explica.

Preguntado por el secreto para transmitir y acercar el Evangelio, destaca un aspecto que en el continente europeo es cada vez más olvidado, la «sencillez»: «La tarea está en vivir la vida en comunidad sin recetas mágicas. Ofrecemos esa visión del mundo con la que Jesús nos invita a vivir y es así como surge el interés. Eso es lo que nosotros ofrecemos».

También allí ha percibido que la falta de sacerdotes es una realidad, como en su España natal. Con todo, las diferencias siguen siendo abundantes.

Laicos que sostienen comunidades… y otros que se desentienden

«Allí, hablamos de comunidades nacientes sostenidas por laicos con la presencia de un sacerdote de tarde en tarde. Aquí, hay una implicación de los laicos pero es verdad que muchas veces se desentienden y nos encontramos con curas cuya preocupación es la mayor o menor audiencia», admite.

Preguntado por el lugar de Dios en el mundo, explica que sigue estando, pero que la gente le busca donde no está bajo un ateísmo que, asegura, «no existe».

«Todos hemos endiosado a alguien o a algo. Todos estamos de rodillas ante el dios dinero, placer, poder, consumismo… Merece la pena endiosar al Dios del amor. Así podremos dar y compartir un amor generoso y abrir lo mejor de cada uno a los demás. Debemos descubrir quién es `mi dios´. Y ese es el Dios del amor», asegura.

Antes de concluir, dirige a los jóvenes del primer mundo un consejo, un deseo. En primer lugar, «que descubramos al Dios del Evangelio». También pide oración «y una transformación» en la forma de vivir y mirar el mundo.

«Veo que hay generosidad y solidaridad, pero os falta constancia, enseguida viene el cansancio, eso no es una opción de por vida, no tenéis fuerza»; lamenta.

Por último, se refiere a la ausencia de «ideas claras» entre la juventud, así como un fuerte «interés en crear confusión» entre ellos, «dibujando un horizonte oscuro y erróneo».

Frente a ello, propone el crecimiento y la motivación. «Siempre han tenido ese espíritu transformador, de un mundo más justo, y ahora están domesticados principalmente por ese consumismo. Necesitan retos que les hagan crecer«, finaliza.

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