Nueve santos que profesaron gran devoción a la Medalla Milagrosa y le confiaban todos sus problemas

adminnoviembre 27, 202211min220
logo_2020.png

Para valorar la importancia de la Medalla Milagrosa es necesario conocer a los santos que le tuvieron profunda devoción desde su aparición el 27 de noviembre de 1830. Entre ellos destacan:

1. Santa Bernardita Soubirous 

Se consideraba siempre hija de la Virgen por lo cual llevaba la cinta azul y la Medalla Milagrosa.

2. El Santo Cura de Ars

Este sacerdote la veneraba en su parroquia y mandaba a sus penitentes postrarse ante Ella. Fue el primer sacerdote que consagró su parroquia a la Virgen Milagrosa.

3. Santa Maria Goretti

Ella llevaba la Medalla Milagrosa cuando prefirió la muerte al pecado.

4. San Juan Bosco

Propagó la devoción a la Virgen de la Medalla Milagrosa en tiempos que vivió la dura pandemia del cólera. Instó a que sus alumnos portaran la medalla milagrosa que él mismo bendijo para que se protegieran de contagiarse de esa mortal enfermedad.

5. Santa Teresita del Niño Jesús 

Comenzó a tenerle devoción tras curarla de una enfermedad.  Así lo relata la santa: “De pronto la Santísima Virgen me ha parecido bella, tan bella que nunca vi algo semejante, su rostro exhalaba una bondad y una ternura inefables, pero lo que caló hondo en mi alma fue la ‘sonrisa encantadora de la Santísima Virgen’”.

Indicó que “en ese momento se fueron todas mis penas, dos gruesas lágrimas rodaron por mis mejillas y cayeron por mi rostro, eran lágrimas de pura alegría… ¡Ah! pensé, la Santísima Virgen me sonrió, estoy feliz”

“Fuera por causa de ella, por sus intensas oraciones, que tuve la gracia de la sonrisa de la Reina de los Cielos”, subrayó.

Santa Teresita del Niño Jesús llamó a esta imagen “La Virgen de la Sonrisa” y compartió esta advocación primero en su familia. Luego la llevó al Carmelo de Lisieux, hasta que la imagen fue difundida en todas las órdenes carmelitas del mundo.

6. Santa María Micaela del Santísimo Sacramento

En su estancia en Paris conoció la devoción a la Medalla Milagrosa  y desde entonces se hizo devota de ella. Su devoción a la Reina del cielo era también contagiosa o proselitista. Sobre este particular es ella misma la que nos facilita datos. Nos cuenta una vez cómo en Guadalajara y durante el verano de 1834, «visitaba además los coléricos y les hablaba de Dios y de la Virgen» . En 1847 sabemos que después de haber hecho los ejercicios (en el mes de abril) empezó el mes de María. Y nos cuenta algo de lo que hizo por la Virgen: tradujo del francés el libro sobre la Medalla Milagrosa; pintó la imagen de la misma Virgen en miniatura; en el ejercicio del mes, leía cada día un milagro realizado por la Virgen. Y prosigue literalmente: «Repartía medallas y libros de la Santísima Virgen entre mis amigos y pobres; que siempre me ha servido la Virgen en todos mis apuros de un modo especial, hasta en boberías de poca monta»

7. Santa Teresa de Calcuta

Santa Teresa de Calcula la llamó “medalla de la caridad”. Ella dijo que la medalla es una señal de que Dios ama a cada individuo en cada momento de nuestras vidas”.

La Madre Teresa de Calcuta, reconocida en el mundo entero por la misión de caridad que inició en 1948, utilizaba un simple «instrumento» como símbolo de dicha caridad: la Medalla Milagrosa. Era muy común ver a la Madre Teresa tomar un puñado de dichas medallas, besarlas y entregárselas a los pobres. A la puerta de sus conventos se formaban largas colas cuando se anunciaba que la Madre Teresa había llegado a la ciudad.

Uno por uno, la Madre Teresa daba la bienvenida a los jóvenes y ancianos, a los enfermos y necesitados, a los laicos y a los clérigos, a las personas importantes y a las que no lo eran. Raramente se iba nadie sin que la Madre Teresa depositara una Medalla Milagrosa en sus manos. 

8. San Maximiliano Kolbe

Mientras la Segunda Guerra Mundial estallaba a su alrededor en Polonia, San Maximiliano Kolbe, cuya fiesta se celebra el 14 de agosto, luchó por las almas usando una imprenta y otra “arma”: la Medalla Milagrosa.

“Aunque una persona sea del peor tipo, si tan solo acepta llevar la medalla, dársela… y luego rezar por él, y en el momento oportuno esforzarse por acercarlo a su Madre Inmaculada, para que pueda recurrir a ella en todas las dificultades y tentaciones”, dijo Kolbe sobre la Medalla Milagrosa.

“Esta es verdaderamente nuestra arma celestial”, dijo el santo, describiendo la medalla como “una bala con la que un soldado fiel golpea al enemigo, es decir, al mal, y así rescata las almas”. San Maximiliano Kolbe se puede considerar el más destacado defensor de la Medalla Milagrosa en la primera mitad del siglo XX.

9. San Pedro Poveda 

Desde muy pronto, Poveda había introducido la costumbre de consagrar cada año  a  un  santo  o  a  una  advocación  de  la  vida  de  Cristo  o  de  María,  las actividades y casas de la Institución. En una carta  con fecha 30 de diciembre de 1919, consagraba el año 1920 a la Virgen Milagrosa.

No vivía la Institución Teresiana buenos momentos. El proyecto educativo de Poveda  levantaba  recelos  entre  los  que  pensaban  que sus  Academias suponían un obstáculo a la estatalización de la enseñanza. No fueron pocos los artículos  en  la  prensa  de  Jaén,  Málaga  e  incluso  Madrid  en  contra  de  las Academias  y  con  términos  difamatorios  para  su  fundador;  incluso  hubo denuncias ante el Ministerio de Instrucción Pública.

No es extraño que Pedro Poveda demandara un milagro de la Virgen Milagrosa. La venerable María  Josefa  Segovia,  principal  colaboradora  de  Pedro  Poveda  y  primera directora general de la Institución Teresiana, muchos años después, en abril de1930, tras asistir en Madrid “a  un  acto  muy  solemne  de  la  Asamblea de la Medalla Milagrosa; escribe a la casa de Bilbao relatando la importancia de la Virgen Milagrosa en la Institución: «A  la  Virgen  Milagrosa  debemos  el milagro de  nuestra  propagación  y conservación en medio de los rugidos del infierno… sea nuestra acción de gracias  más  generosa  a  la  Inmaculada  Madre  de  la Medalla Milagrosa. Con esa Medalla benditísima al cuello debemos vivir para que con ella colgada nos coja la muerte».

Jesús Urones & Yasmin Oré

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *