El fenómeno del monasterio de Rioseco… abandonado, olvidado… y con 50.000 visitantes al año

adminnoviembre 29, 20228min280
logo_2020.png

Juan Miguel Gutiérrez es el párroco de 42 pueblos de varios valles en la provincia de Burgos -Valdivielso, Manzanedo, las Merindades…-, de los que el mayor es Villarcayo (de 4.200 habitantes). De esos pueblecitos, hay 16 que, todos juntos, apenas suman 120 habitantes.

“También hay un monasterio”, le dijeron los vecinos cuando llegó a la zona hace 16 años, a finales de 2006.

Al principio, le costó encontrarlo: estaba completamente tomado por la maleza, escondido en una zona remota. Estaba abandonado desde que el ministro Mendizábal decretara en 1835 la expulsión de los monjes cistercienses que habían vivido en el lugar desde el siglo XIII. “Había muchos vecinos que ni siquiera habían oído hablar de él”, asegura el sacerdote.

Lo asombroso es que 15 años después, ese edificio abandonado y de bóvedas derruidas (excepto las de la iglesia), está movilizando a cientos de voluntarios y atrae a miles de visitantes. Por eso, este párroco piensa que en cierto sentido se puede hablar de «milagro».

La situación inicial era desoladora: el claustro había sido expoliado y muchas de sus piedras habían desaparecido, víctimas del vandalismo y el saqueo. O, simplemente, la gente de la zona necesitaba piedras para graneros y cercados. Se sabe que algunas estatuas de santos se utilizaron para el relleno de una presa cercana.

«Era una ruina muy romántica en el sentido propio de la palabra, ese abandono, maleza y la arquitectura que asomaba», recuerda.

El párroco del monasterio de Rioseco cuenta su historia peculiar

Empezó con lo más antiguo: enterrar a los muertos

Con cierta ingenuidad, pensó: «Con esto podemos hacer algo». Primero pensó en cosas muy concretas, como recoger los huesos de monjes dispersos, de tumbas destruidas probablemente por saqueadores, y enterrarlos.

Juan Miguel Gutiérrez empezó reuniendo un puñado de voluntarios de sus pueblos para empezar a desbrozar el cenobio. Como era profesor en un instituto, empezó a implicar a profesores y alumnos como una experiencia de «recuperar del olvido». «Nuestros chavales del instituto ni sabían de su existencia, y les llamó mucho la atención», recuerda.

Cada profesor inventó alguna forma de trabajar el monasterio: juegos medievales, herbolario, gira ciclista…

La cosa creció: vinieron más y más voluntarios. Y luego organizaron varias semanas de «voluntariado de verano».

Hasta ese rincón de la España abandonada comenzaron a llegar cientos de personas, no sólo jóvenes, e incluso de otros países, para echar una mano en la rehabilitación del monasterio.

Monasterio de Rioseco, provincia de Burgos, en foto de Juan Montero

Monasterio de Rioseco, cada vez mejor restaurado y arreglado, en la provincia de Burgos, en foto de Juan Montero.

“Se alojan en las casas de la gente de los pueblos y los propios vecinos preparan la comida para que no les falte de nada a los voluntarios”, explica Juan Miguel.

Dar lo mejor y organizarse bien

Ahora hay grupos de trabajo supervisados por una arqueóloga y un arquitecto. «Aquí hay un ambiente que busca dar lo mejor de uno mismo. Te asombra, no sé, señoras que preparan comida para 80 personas…»

El sacerdote burgalés ha contado la historia recientemente en el canal católico de YouTube Creo TV.

Detalla que que el monasterio surgió en el siglo XIII en la ribera del río Ebro y en él permanecieron los monjes del Císter hasta el siglo XIX, cuando empezó su decadencia. Se sabe que hasta 1964 hubo algunas misas en el lugar, y que en los años 50, la parte que estaba sin desamortizar (la iglesia, que se mantuvo con uso parroquial un tiempo) se benefició de algunas reparaciones. Luego, llegó el olvido.

Tras 15 años de trabajo de voluntarios, Rioseco ha ido recuperando su serena grandiosidad.

Según el contador de visitas del que disponen en la entrada digital, se encuentran muy cerca de llegar a los 50.000 visitantes antes de que acabe 2022.

Con cincuenta mil visitantes anuales, pueden permitirse contratar una persona a tiempo completo en el monasterio y aspirar a convertir el lugar en un motor de dinamización turística de la zona.

«El monasterio de Rioseco es un ejemplo de que con muy poca población, pero con ganas, pasión, con ganas de crecer, puedes ayudar a que vuelva la vida a nuestros pueblos», asegura el sacerdote.

Toda la información sobre el monasterio y sus proyectos y voluntariados en:
www.monasterioderioseco.com

En este vídeo de Creo TV el párroco nos pasea por el monasterio absolutamente transformado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *