«Yo soy católica por la Corona de Adviento»: una conversión a los 68 años

adminnoviembre 30, 202218min320
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Mary Pomeroy fue cristiana devota casi toda su vida en iglesias protestantes carismáticas, volcada en servir al Evangelio aunque sin saber casi nada de la Iglesia Católica. En el primer domingo de adviento de 2017, con 66 años, fue a su primera misa católica por una única razón: le habían dicho que encenderían una corona de Adviento. «Yo sólo quiero ir a una iglesia donde haya una corona de adviento y ver como encienden la vela«, le comentó a una amiga. Ella sentía nostalgia por este gesto que llevaba años sin ver y le recordaba su infancia.

A partir de ahí, empezó un camino que le llevó a la plena fe católica en la Vigilia Pascual dos años después: católica con 68 años, la única de su familia. Esta es la historia que ha contado a CHnetwork.

De familia luterana a los hippies Jesus People

Mary Pomeroy nació en 1951 en Seattle, en la costa pacífica de Estados Unidos, en una familia luterana practicante: la llevaban a la escuela dominical, a colonias y vacaciones bíblicas y campamentos de la iglesia. Se confirmó a los 14 años y fue parte de un club luterano en el instituto. «Yo tenía fe en Dios, pero era más la religión de mis padres que la mía», recuerda.

En la universidad pasó un par de años lejos de Dios. Pero retomó una relación con Cristo y el Espíritu Santo, muy viva, en 1971, a través del movimiento Jesus People.

En la época de las flores y los hippies, la espiritualidad carismática se extendía entre muchos jóvenes. Música y guitarra, amor y amistad, estilo comunal, muchos abrazos, vivir con poco, predicar la paz en la Guerra Fría, vestir raro y bastante utopía… todo eso mezclado con una moral ortodoxa, mucha oración y mucha Biblia. Las canciones que cantaban eran salmos o textos completos de la Biblia. Ese fue el año que se estrenó en Broadway el musical Jesucristo Superstar.

Portada Jesus People Music

«Me hice carismática. De repente, Dios ya no era sólo alguien en quien creía, no era sólo ir a la iglesia en domingo a darle un poquito de mi vida. Se integró en mi vida entera y tuve una relación viva y diaria con Él», detalla.

El cantante cristiano Larry Norman en un encuentro de los Jesus People en los años 70

El cantante cristiano Larry Norman en un encuentro de los Jesus People en los años 70.

Veinteañeros como Mary se enamoraban de Jesús, lo sentían cerca, y no se integraban directamente en congregaciones tradicionales protestantes sino en otros movimientos. Ella se integró, en la California de la época hippie, en JUCUM (Jóvenes con una Misión), un movimiento juvenil misionero carismático internacional, que aún sigue vivo y fuerte e insiste en dar una espiritualidad interiorizada a los jóvenes. Aprendió mucho como voluntaria, hablando con evangelizadores de muchos lugares.

Alaska: frío pero con amor

A los 25 años dejó la soleada California y voló a en un frío febrero a Alaska para asistir a la boda de una amiga, y se quedó allí. Encontró trabajo y, muy pronto, a su esposo, Willy. Se casaron en 1977. Hoy tienen tres hijos ya crecidos y 4 nietos. Mientras criaban a los niños, acudían a una iglesia de Asambleas de Dios, pentecostales, que ofrecían alabanza, Biblia y muchas cosas para niños.

Ella sirvió en el coro de la iglesia en los años 90, cantando y tocando el piano. También fue responsable para toda Alaska de Aglow, un movimiento carismático protestante evangelizador, que entonces era específicamente femenino, presente hoy en 170 países. Con Aglow visitó muchos lugares de Alaska de población nativa, organizó vacaciones y campamentos para niños y formación evangelizadora para adultos. Hizo amigos cristianos sinceros de toda Alaska y de todo Estados Unidos.

Otro ritmo a los 60

Con 63 años, algunas cosas cambiaron. Los niños habían crecido y ya no estaba en Aglow. Su marido, semi-jubilado, ahora trabajaba los fines de semana y no podía ir a la iglesia con ella. Acudía sola, conduciendo 35 minutos en coche, a una iglesia donde no tenía realmente amistades ni un servicio. Ahora le cansaba el estilo de alabanza demasiado ruidoso, música demasiado fuerte, con salas oscuras, flashes y fogonazos y demasiado parecido a un concierto rock. Y cuando nevaba mucho era difícil ir a la iglesia en coche en otra ciudad.

En noviembre de 2017, ya con 66 años, se sintió nostálgica pensando en Adviento y Navidad. De niña, en su familia luterana, «siempre teníamos una corona de adviento, y velas, y me encantaba la anticipación de Navidad y celebrar en nacimiento de Jesús. La mayoría de iglesias a las que fui de adulta no tenían corona de adviento».

«Yo sólo quiero ir a una iglesia donde haya una corona de adviento y ver como encienden la vela», le comentó a una amiga suya, católica recién llegada a Alaska. La amiga la invitó a ir a la parroquia católica -que ella aún no conocía-, donde habría corona de adviento sin duda.

Mary dudó. «¿Por qué ir con ella a un servicio ritual y aburrido, muerto? Le dije que sí. No podía decirle lo que sentía de verdad sobre la Iglesia Católica». Mary solo había estado en dos funerales y una boda católicos y durante años le habían hablado mal del catolicismo. No sabía nada más.

Corona de Adviento encienden una vela

La primera misa: la presencia del Padre

Como carismática, Mary estaba acostumbrada a invocar y sentir la presencia del Espíritu Santo. Pero en algunas ocasiones, por ejemplo, visitando alguna sinagoga, sentía la presencia de Dios Padre, «pesada, fuerte». Y eso es lo que dice que sintió al entrar en la parroquia católica en la primera misa de Adviento.

Después llegaron los sacerdotes, empezó la misa, y no le pareció un ritual muerto. Era un «protocolo» que reverenciaba la la santidad de Dios, un amor con gran reverencia. La parroquia cuidaba la música. «Cuando empezamos a cantar la liturgia casi me derrito. Me emocionó la belleza de la música y las palabras me conmovieron y me hicieron llorar. Es la música que uno esperaría oír en el cielo».

El rapto, explicado por un ex-protestante

Sabía que algo profundo le había pasado, pero desde luego no pensaba hacerse católica. Solo pensaba seguir acudiendo a las misas de Adviento. Pero un par de semanas después, en la parroquia encontró un libro que llamó su atención: El rapto, el error del final de los tiempos que se deja la Biblia atrás, de David Currie.

«El rapto» (the rapture, en inglés) es en realidad un tema muy de Adviento: «habrá dos hombres en el campo, uno será tomado y el otro dejado atrás» (Mateo 24,40-42). En los ambientes carismáticos protestantes que Mary conocía se hablaba mucho de eso, pero su experiencia es que cuando preguntaba sobre el tema a pastores y predicadores «acababa con más preguntas y más confusión». Mary se descargó el libro de Currie en su tablet, lo leyó con detalle, y le pareció muy razonable.

Después se dio cuenta de que Currie había sido presbiteriano e hijo de pastor presbiteriano, pero ahora era católico. Y se leyó su libro Nacido fundamentalista, nacido de nuevo católico. «Fue el libro perfecto para leer en esa época», explica. Presentaba la doctrina católica de forma que un protestante tradicional o carismático pudiera entenderlo bien.

Tras eso, pasó a leer a Scott Hahn (otro antiguo pastor y biblista presbiteriano, ahora divulgador católico) y los libros de Vinny Flynn, empezando por 7 secretos de la Eucaristía, libro que el cardenal Pell declaró, informalmente, «de lectura obligada para católicos».

Los sacramentos y una experiencia con la Virgen

Y reflexionó sobre la Eucaristía. En un congreso misionero en Magadán, en Siberia, había conocido a un sacerdote misionero, católico de Alaska, que lleva muchos años en Siberia, el padre Michael Shields. Le había hablado de una niña de 5 años que venía sola a misa y le protestaba porque no le daba la comunión: «Padre Michael, ¿por qué no me da a Jesús? ¡Solo quiero a Jesús!» Ahora Mary pensaba lo mismo: como esa niña, deseaba comulgar.

En septiembre de 2018, empezó su curso de iniciación al catolicismo. Sus profesores le parecieron excelentes, y ella, veterana evangelizadora durante tantos años, aprendió muchísimo, dice, de los sacramentos, la Eucaristía y las riquezas espirituales de la Iglesia, y su relación con la santidad y la santificación. También le gustó el sacramento de la Reconciliación, y la necesidad de cumplir las penitencias impuestas, aunque fueran sencillas, para presentarse dignamente ante el altar y comulgar.

En cuanto a la devoción mariana, en noviembre de 2018 tuvo una experiencia peculiar. Había habido terremotos serios en la región, y en su casa, como en muchas otras, se dormía con la ropa puesta por si había que salir con los temblores. Estaba muy nerviosa y le habían enseñado el Avemaría, así que se puso a repetir avemarías, como oración repetitiva y humilde. Quedó medio dormida, «cuando oí la voz de una mujer que me decía: ‘Te quiero’. Mis ojos se abrieron de golpe y pensé: ‘¿qué ha sido eso?’ No era una voz que reconociera. Me di cuenta de que había estado diciendo avemarías… y Ella vino a confortarme».

En la Vigilia Pascual de abril de 2019, Mary fue confirmada como católica, con 67 años. Como nombre de confirmación eligió Anne, con tradición en su familia y por se patrona de las costureras, «porque yo lo soy».

Como católica en la parroquia de Saint Andrew canta en el coro, va a la adoración semanal, al rosario semanal y a los estudios de Biblia donde sigue aprendiendo más y más cosas. Su marido sigue yendo a una iglesia protestante, y ella lo acompaña una vez al mes. «Soy la única católica en mi familia de protestantes, y mi oración es que algún día otros en mi familia se me sumen. Si no lo hacen, ok, son cristianos y aceptan mi opción. Pero, ‘Padre, que seamos uno’ (Juan 17).

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