El mundo que se avecina

admindiciembre 11, 202226min2070
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Es importante pensar en clave de futuro. Hace unas semanas me invitaron a una sesión en el Senado argentino sobre el Proyecto de Ley de creación de la comisión bicameral de planeamiento del futuro. En síntesis y simplificando mucho, lo que se planteaba en dicha sesión era la creación de un organismo que se dedique en exclusiva a prepararse para el mundo que se avecina, analizando y estudiando las tendencias, los posibles efectos, riesgos y posibles soluciones.

Parece de vital importancia adelantarnos a lo que está por venir. Esto de “pensar en el futuro” parece que será clave en las próximas décadas para generar conocimiento y anticiparse a los retos y oportunidades del futuro.

Somos “hijos” de nuestro pasado de la misma manera que somos “padres” de nuestro porvenir. Olvidar ambas etapas puede descontextualizarnos en nuestra propia historia personal y colectiva.

Con esa actitud de anticipación, no se trata de predecir o de adivinar el futuro como si tuviésemos una bola mágica de cristal, sino de analizar las tendencias más probables de modo que podamos estar preparados para comprender los cambios que se van produciendo y poder actuar con antelación tanto en nuestra vida personal, como en nuestras sociedades, así como en el transcurso histórico de la humanidad.

Con ese convencimiento y visión prospectiva, desde la Fundación EUK Mamie se me ofreció la oportunidad de dirigir y presentar un programa titulado El mundo que se avecina, producido por el canal católico HM Televisión que con tanta profesionalidad, dedicación, amor y fe llevan a cabo las Siervas del Hogar de la Madre en su sencillo estudio audiovisual de Cantabria (España).

Hasta ahora, hemos realizado y difundido seis bloques temáticos con seis personas de una cualidad humana extraordinaria. A través de los distintos capítulos, en una auténtica voluntad de convergencia entre diversos saberes y disciplinas, nuestros invitados nos han ido presentado su cosmovisión personal y cómo ven ellos el mundo que se avecina, sus principales retos, los problemas que se intuyen, así como la propuesta de algunas soluciones desde el humanismo cristiano, la doctrina social de la Iglesia y el dialogo entre razón y fe. Los distintos capítulos siempre se han abordado con esperanza y confianza en Dios, que es la actitud propia de la perspectiva cristiana sobre el futuro.

Desafíos y razones para la esperanza

Con Jesús Avezuela, director de la Fundación Pablo VI, conversamos en el programa inaugural sobre la importancia de prever y anticiparse a los desafíos del futuro y reflexionamos sobre si la transformación digital resultará ser un servicio o más bien una servidumbre. También abordamos cómo defender los derechos humanos en las sociedades biotecnológicas e incluso especulamos sobre si se llegaran a promulgar unos nuevos “derechos posthumanos”.

A lo largo de los sucesivos capítulos de este bloque se resaltó la importancia de la ética y la educación para un liderazgo humanista. También debatimos sobre el papel de las religiones en el siglo XXI, así como la necesidad de seguir defendiendo la libertad y la dignidad de la persona, el bien común, teniendo en cuenta que nos adentramos en una sociedad de control y vigilancia, con una cierta deriva totalitaria.

Finalmente, ambos expresamos que hay motivos para la esperanza en este mundo que se avecina siempre que en el presente nos anticipemos a dichos retos y tengamos la voluntad, como seres humanos, de llevar a cabo las acciones necesarias para que sea posible un futuro mejor.

Pensar en el futuro, es ante todo pensar en la persona. Hemos vivido una pandemia en la que se ha puesto de manifiesto cuales son los valores de la humanidad. Lo que el Covid-19 nos ha mostrado es que somos vulnerables, aun con toda la transformación digital y el cambio tecnológico que vivimos. Y por ello seguimos preguntándonos: ¿cuál es el puesto del ser humano en este contexto? Grandes revoluciones las ha habido siempre, y por ello, no hemos de olvidar los temas esenciales para la humanidad y cómo se adapta el ser humano a dichos cambios.

Por otro lado, para abordar el mundo que se avecina, va a ser esencial el estudio de las humanidades porque enseñan a pensar críticamente, algo esencial para entroncar las ciencias con todo lo que nos depara el futuro.

Y es que, aunque los avances tecnológicos puedan constituir una ayuda o un bien para el ser humano, no debemos olvidar que el motivo de nuestra esperanza como cristianos es el Evangelio, que es una magnífica hoja de ruta para poder orientarnos en el mundo que se avecina.

Ética de la virtud en la era tecnocientífica

Con Alfredo Marcos, catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Valladolid, conversamos acerca del ser humano y su relación con la ciencia en estos tiempos de postmodernidad.

Resultó muy interesante la meditación sobre la naturaleza humana a la que nos invitó el profesor Marcos. Posteriormente, reflexionamos conjuntamente acerca de los límites de la ciencia, sobre lo que de verdad hay detrás de la inteligencia artificial y sobre la posibilidad de desarrollar una algorética que se sume a la bioética y a la tecnoética aplicadas.

Nos planteamos también cual debe ser el papel de la libertad y de la responsabilidad en la era tecnocientífica, y si realmente existirá el hombre “mejorado”. Finalmente, enunciamos qué virtudes es necesario desarrollar en una época tan cambiante y convulsa como la que nos ha tocado vivir.

Es importante defender en nuestros debates sobre el futuro la estrecha relación entre la ciencia y la fe ya que ambas se pueden conjugar en ámbitos de estudios serios y rigurosos. A lo largo de nuestras conversaciones con Alfredo Marcos, expusimos la importancia y la ayuda que la fe puede brindar a la ciencia con argumentos que demuestren que resulta un mito creer que ambas están siempre en contraposición.

Por otro lado, constatamos que la ciencia tiene sus límites que la constituyen y la ayudan a desempeñar adecuadamente su papel. Es importante para nuestro desarrollo tener límites constitutivos y respetarlos, porque nos hacen ser lo que somos y permiten que lleguemos a la plenitud de lo que estamos llamados a ser y a hacer como personas.

En relación al “hombre mejorado” cabe señalar que estuvimos de acuerdo en que a un ser humano no se le puede “añadir valor”, en el sentido de que el valor del ser humano es ya desde el principio un valor absoluto que llamamos “dignidad”. Mejorar la vida humana no significa hacerla distinta de lo humano, sino propiamente humana, es decir, más humana.

Por todo lo dicho anteriormente, es importante dotarnos de un sentido específico de responsabilidad y de un sinfín de virtudes, transmitiéndolas a las nuevas generaciones. Y es que en el fondo del corazón del hombre se halla el deseo de ser bueno, de llegar a vivir y experimentar la justicia, pero todo esto solo es posible realizando acciones que nos permitan ir perfeccionándonos en la ética de la virtud. Por eso es tan importante comprender que la virtud no se educa para sí misma, sino que mira hacia arriba, no se queda en mera filantropía. Y por la importancia que tiene en la formación del ser humano es necesario ir formando a los niños y jóvenes en la adquisición y práctica de las virtudes para enfrentarse de forma adecuada a un mundo de constantes cambios.

Conocimiento profético y futuro de la humanidad

Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior del Gobierno de España, nos ofreció una serie de reflexiones magistrales, fruto de su amplio conocimiento sobre la historia y, en particular, de la presencia y providencia de Dios en ella. Conversamos a lo largo de diversas semanas sobre temas tales como la acción de Dios a favor de la humanidad, el conocimiento profético y la relación entre la fe y la razón.

Por otro lado, comprobamos con ejemplos reales la importancia de la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús en la historia, las mariofanías cada vez más frecuentes en las últimas décadas, tal vez porque el “Señor del mundo” y su Nuevo Orden Mundial cada vez están alcanzando mayores cotas de presencia y de oscuridad.

También nos adentramos en el mundo sobrenatural de los ángeles y de los demonios haciendo un símil, tal vez un poco audaz, con lo que puede llegar a suceder en clave terrenal, entre los humanos y los posthumanos, entendidos estos como una nueva especie de “ángeles caídos”.

A lo largo del dialogo con Jorge Fernández Díaz, se insistió mucho en la necesidad de la respuesta personal de cada uno a la conversión del corazón, dejando que Dios sea el conductor de nuestra vida, reconociéndole como único Señor de la historia, mientras nos preparamos para el triunfo del Corazón Inmaculado de María, nuestra Madre en el Cielo que nos cuida y protege.

Preservación de la naturaleza humana

Con Miquel-Àngel Serra, doctor en Biología, investigador en la Universidad Pompeu Fabra y gestor de proyectos europeos de estudios avanzados y de bioética en la Comisión Europea, nos preguntamos si seguiremos siendo humanos o si la siguiente fase de la evolución es hacia el alumbramiento de una especie posthumana.

También tratamos el transhumanismo como la nueva ideología emergente en el presente siglo XXI, sobre los mitos y las realidades alrededor del “mejoramiento humano”, el impacto que tendrá en las futuras generaciones la edición del genoma humano, las nuevas tecnologías emergentes y su relación con la diversidad funcional del ser humano.

A lo largo del programa, valoramos como extraordinariamente positivo el papel de la bioética en el desarrollo de las biotecnologías exponenciales y el profesor Serra expuso cómo, según su criterio, será la defensa de la vida en el siglo XXI.

Finalmente se presentaron algunos proyectos científicos que son motivo de esperanza para la humanidad mediante el desarrollo y empleo de nuevas tecnologías exponenciales al servicio de las personas.

La Iglesia del futuro

Con monseñor Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito de Alcalá de Henares y doctor en Teología Moral, se abordaron diversos temas de actualidad de la Iglesia partiendo del discurso profético que Joseph Ratzinguer, siendo todavía un joven teólogo, pronunció en una emisora de radio en el año 1969 sobre la “Iglesia del futuro”.

Posteriormente, don Juan Antonio desarrolló la idea de una “Iglesia de los pequeños”, de los sencillos, de los que voluntariamente buscan la santidad y un lugar donde vivir su fe, deseando que verdaderamente esa sea la Iglesia que nos depare el futuro.

En los últimos capítulos del bloque nos preguntamos -siguiendo el Apocalipsis- si nos encontramos actualmente a caballo entre la “Iglesia de Sardes” y la “Iglesia de Filadelfia”. También abordamos los retos y desafíos de las ideologías disolventes de la naturaleza humana, para terminar de la mano de la Virgen María, refiriéndonos a Ella como Madre de la Iglesia y Madre Nuestra, seguros de estar caminando hacia un segundo Pentecostés, es decir, hacia una etapa de mayor efusión del Espíritu Santo para el mundo que se avecina.

Jóvenes esperanzados

Con Miquel Feliu, un joven de veinte años de Barcelona, conversamos sobre el futuro a pesar de que él personalmente lucha contra un sarcoma de Ewing desde 2019. La experiencia de esta grave enfermedad ha supuesto para este joven esperanzado un cambio total en su existencia. Tuvo que cambiar su vida cotidiana, sus salidas, sus estudios, los deportes, por los hospitales, las pruebas médicas, la radioterapia, la quimioterapia, los dolores y el sufrimiento.

Pero, a pesar de todos esos reveses, Miquel decidió vivir y ser feliz. Entendió perfectamente la gravedad de su enfermedad y, por esto mismo, descubrió que cada día era un regalo y que tenía que aprovecharlo al máximo de la mano del Señor. A lo largo de unas emotivas conversaciones, Miquel nos señala la fuente de la que mana su serenidad y conformidad para vivir la enfermedad. Y es que en Dios está su paz y sabe que caminamos hacia la eternidad, y a esta actitud vital nos anima para que pongamos nuestros ojos en la meta final de nuestra vida: el Cielo.

A lo largo de los siete capítulos, junto a Miquel Feliu, nos hemos ido preguntando, cómo ser feliz en medio del dolor, cómo tener un auténtico y emocionante encuentro personal con Jesucristo, y juntos hemos constatado que, incluso en esta sociedad postcristiana y secularizada, hay jóvenes que viven la fe con muchísimo entusiasmo.

También de cara al futuro, reflexionamos juntos sobre cómo expresar el amor, la amistad y la comunicación en la era digital, cómo construir un proyecto de vida, cómo desarrollar la vocación personal y las perspectivas profesionales, así como la mejor manera de formar una familia cristiana en el mundo que se avecina. Finalmente, constatamos de la mano de Miquel, la hermosura de una vida como la suya que apunta al Cielo.

Ciudadanos digitales, tecnología y familia

Si bien los seis bloques temáticos anteriores ya están disponibles en la red, desde el programa El mundo que se avecina estamos pensando en nuevos invitados y nuevos temas de análisis y reflexión. La próxima conversación sobre ciudadanos digitales, tecnología y familia, la tenemos prevista muy pronto con María Zavala, periodista y consultora de comunicación.

El objetivo principal del nuevo bloque va a ser reflexionar sobre el impacto de la tecnología digital en nuestras vidas y sobre las relaciones que se construyen entorno al clima tecnológico en el que vivimos.

Nos preguntaremos cuál debe ser el uso responsable de la tecnología y su impacto en el hogar, cómo ser padres en la era digital y cómo educar para la era digital en la escuela. Reflexionaremos también sobre los usos de las redes sociales en nuestros hijos, y cómo es el ocio digital de los adolescentes y jóvenes. Finalmente desarrollaremos con María Zavala el concepto de ciudadanía digital y reflexionaremos sobre el sentido de la realidad, ante el desarrollo de la realidad aumentada y la virtualidad que nos ofrecerá la construcción de los distintos metaversos.

* * *

En definitiva, después de conversar con tan interesantes personajes, llego a la conclusión que “lo urgente no debe desplazar a lo importante” en estos tiempos de cambios disruptivos, y que debemos prepararnos para ser capaces de reaccionar con suficiente rapidez y anticipación a los retos y desafíos que una sociedad en constante transformación pone ante nuestros ojos.

Con esa actitud positiva, debemos mirar con confianza, con esperanza y sin miedo el mundo que se avecina, ya que está en nuestras manos construirlo desde el presente. En este sentido, la cosmovisión cristiana aspira a un orden perfecto, como una obra maestra donde Dios Padre es el compositor, Dios Hijo Jesucristo es el director, Dios Espíritu Santo el maestro inspirador y María, nuestra Madre, la primera ejecutora. Y es que, según sabemos por el conocimiento profético, al final, el Inmaculado Corazón de María triunfará, inaugurando el Reino de Jesucristo que se instaurará, con toda su plenitud, en el mundo que se avecina.

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