La inesperada renuncia de Benedicto XVI, un hecho histórico que cambiaría el rumbo de la Iglesia

adminenero 1, 202313min220
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“Si el Papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar”. Esta respuesta que Benedicto XVI ofreció a Peter Seewald en el libro Luz del Mundo y que pasó algo desapercibida en su momento ante un hecho que no tenía apenas precedentes cobró todo el sentido dos años después, el 11 de febrero de 2013, cuando anunciaba por sorpresa y dejando atónitos a los presentes que renunciaba al ministerio petrino.

En el discurso que pronunció en latín aquel día en la Santa Sede afirmaba: “He llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Benedicto recalcaba también que “para gobernar la barca de Pedro es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.

“Siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro”, declaró solemnemente. En ese momento, Benedicto XVI tenía 85 años y estaba a punto de cumplirse el octavo aniversario de su pontificado.

El día que dejó la cátedra de San Pedro

El 28 de febrero de 2013 a las 20.00 horas fue la fecha que eligió para que su renuncia fuera efectiva y la Iglesia se quedara con la sede vacante a la espera de la convocatoria de un cónclave que acabaría eligiendo al cardenal Bergoglio, el Papa Francisco.

La concreción de la hora tuvo que ser explicada por el portavoz vaticano en aquel momento, Federico Lombardi. En una muestra de su personalidad germánica y organizada Benedicto XVI únicamente decidió que fuera a las 20.00 porque “esa es la hora en la que todos los días deja de trabajar”.

Una situación con muy escasos y lejanos precedentes

El mundo, especialmente el orbe católico, quedó conmocionado ante una situación que apenas tenía algún precedente y para el que además había que remontarse a más de seis siglos atrás. El caso más parecido, salvando las distancias, en el que la renuncia se produjo con libertad y por razones de salud o ancianidad fue el de Celestino V, Pedro di Morone, un monje de origen campesino y fama de santidad. Tenía 84 años, en realidad casi fue obligado a ser Papa, y una vez ya como Pontífice vio que no tenía fuerzas ni capacidades para controlar la envenenada corte papal. Declaró que él sólo era un anciano ignorante y volvió a monasterio renunciando al ministerio petrino.

Las otras escasas renuncias tienen que ver con el conflicto llamado «el Cisma de Occidente», cuando hubo hasta 3 Papas al mismo tiempo: uno en Aviñón, otro en Pisa y otro en Roma; en cierto momento, el Papa de Aviñón se encerró en Peñíscola: era el español Benedicto XIII, el Papa Luna, que nunca renunció incluso cuando le abandonaron los reyes de Castilla y Aragón y murió considerándose el único Papa verdadero. Pero sí renunciaron sus contendientes: el último de ellos (la última renuncia papal de la historia) fue la de Gregorio XII en 1415. Renunciando todos, se abría paso a una elección única, acabando con el Cisma.

Los motivos de Benedicto XVI

En el momento de anunciar su renuncia, pero también durante los años siguientes se ha especulado sobre qué motivos habrían llevado a Benedicto XVI a tomar una decisión tan drástica, más allá de su explicación de que se encontraba “sin fuerzas”.

Pocas personas conocían mejor el interior de la Iglesia Católica como Ratzinger. Tanto lo bueno como lo malo. Lo pudo comprobar en sus casi ocho años (abril 2005-febrero 2013) como Papa, pero también como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde fue un firme colaborador de San Juan Pablo desde 1981 hasta la muerte del Papa polaco en 2005 y la elección del propio cardenal alemán como Pontífice.

Estos años le permitieron conocer como nadie los entresijos del Vaticano, y todos los problemas que había que solucionar allí. Esto quedó de manifiesto cuando saltó el escándalo del Vatileaks, el robo de documentos reservados por parte de uno de los mayordomos del Papa. Pero esto puso de manifiesto la corrupción que había en el interior de la propia Santa Sede, un problema mayúsculo, y al que se ha enfrentado también Francisco, que ha podido comprobar la dificultad de poder cambiar la situación.

En aquel momento se cernía también sobre la Iglesia una nueva oleada de casos de abusos sexuales cometidos por clérigos en el pasado. En este caso tanto los problemas internos como la presión externa hicieron que para el Papa fuera una situación de gran urgencia.

¿Fueron estos motivos suficientes unidos a su vejez y falta de fuerzas lo que llevaron a Benedicto XVI a renunciar?

Ocho años después, ya en 2021, habló a un periodista del Corriere della Sera sobre los motivos de su renuncia. Esto dijo: «Fue una difícil decisión. La tomé con plena conciencia y creo que hice bien. Algunos amigos míos, un poco ‘fanáticos’, todavía están enfadados, no quisieron aceptar mi elección. Pienso en las teorías de la conspiración que lo siguieron: se dijo que fue culpa del escándalo de Vatileaks, parte de una conspiración del lobby gay, o del teólogo conservador lefebvriano Richard Williamson. No quieren creer en una elección consciente. Pero yo tengo buena conciencia».

Benedicto XVI abandona el Vaticano el 28 de febrero de 2013

Benedicto XVI abandonó el Vaticano en helicóptero rumbo a Castelgandolfo el 28 de febrero de 2013 pocas horas antes de que se hiciera oficial su renuncia como Papa.

En una entrevista en 2016 con La Reppublica, el Papa emérito ahondaba también en esta fuerza física necesaria para desempeñar su función. Citaba su viaje a México y Cuba en 2012 recordando: “en esos mismos días, sin embargo, experimenté con gran fuerza los límites de mi resistencia física. Sobre todo, me di cuenta de que ya no estaba en disposición de afrontar un futuro vuelo transoceánico por los problemas del huso horario”.

Y al fondo aparecía la JMJ de Río de Janeiro de 2013, que a la postre fue la primera a la que acudió Francisco: “después de la experiencia del viaje a México y a Cuba, ya no me sentía capaz de realizar un viaje tan comprometido. Además, con la impronta marcada por Juan Pablo II en estas jornadas, la presencia física del Papa era indispensable. No se podía pensar en una participación televisiva o en otras formas facilitadas por la tecnología. Ésta asimismo era una circunstancia por la cual la renuncia era para mí un deber”.

Pocas horas antes de hacerse efectiva su renuncia el 28 de febrero de 2013 a las 20 horas, el todavía Papa abandonaba el Vaticano para instalarse en Castelgandolfo, donde poco después ya sería Papa emérito. Su vuelta a la Santa Sede se produjo ya al monasterio Mater Ecclesiae, en el interior de los muros vaticanos, donde había decidido pasar el resto de su vida dedicado a la oración por la Iglesia. Y así lo ha hecho hasta su fallecimiento.

 

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