Los santos preferidos de Benedicto, su oración y sus puntos fuertes, revelados por Gänswein

adminenero 2, 202323min240
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El pasado 22 de noviembre de 2022, Andreas Thonhauser, de la oficina de EWTN en el Vaticano, entrevistó en profundidad al arzobispo Georg Gänswein, prefecto de la Casa Pontificia y secretario personal de Benedicto XVI, sobre su día a día, el legado del Papa emérito y aspectos de su Pontificado y su espiritualidad. Trabajó con él desde 1995, y vivió con él en el monasterio Mater Ecclesiae tras su renuncia. A sus 66 años, la perspectiva de Ganswein sobre Benedicto XVI es única, cercana y profunda.

La vida de oración de Benedicto

«Lo que experimenté con él como cardenal, pero también como Papa -después de todo, vivía con él- es que siempre teníamos tiempos fijados para la oración. Había excepciones, claro, como estando de viaje. Pero los tiempos de oración eran sacrosantos», explica Gänswein.

En concreto, detalla, «eso significaba Santa Misa, breviario, Rosario, meditación». Eran tiempos fijados. «Él decía: ‘lo más importante es que Dios siempre va primero. Primero, debemos buscar el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura».

Gänswein comenta: «Es una simple frase, y suena bien. Pero no es tan fácil seguirla». Precisamente, el Papa le pedía a su secretario que le ayudara a conseguir que se cumpliera así, coordinando su agenda y actividades.

Sus santos favoritos: de San José a Santa Teresita

Preguntado por los santos favoritos de Benedicto XVI, Gänswein no duda: «Su santo preferido era San José, pero pronto le añadió a San Agustín y San Buenaventura. Y eso es simplemente porque había estudiado a estas dos grandes figuras de la Iglesia muy intensamente y podía ver cómo fecundaban su vida espiritual e intelectual».

En cuanto a mujeres santas, Gänswein detalla que «la Virgen María es la número 1, por supuesto, y yo diría que Santa Teresa de Ávila, que en su potencia espiritual e intelectual dio un testimonio que él encontraba muy impresionante. Y, no te lo creerás, también la pequeña Santa Teresa del Niño Jesús».

De las figuras más modernas, el secretario del Papa emérito añade a «Madre Teresa, por su simplicidad y convicción. De hecho, lo que ella vivió fue más que una conferencia de teología. Ella vivió el Evangelio y eso, para él, era decisivo».

Detalla que el teólogo Ratzinger conoció a Madre Teresa en el “Katholikentag” [Día Católico] de Freiburg en 1978. «Él llevaba un año de arzobispo y yo llevaba un año en el seminario. La Madre Teresa estaba allí, en la catedral de Freiburg, y también él, el cardenal de Múnich, Joseph Ratzinger».

Georg Ganswein entrevistado en EWTN 40 Días antes de la Muerte de Benedicto XVI

La debilidad de la edad avanzada

Gänswein detalló que Benedicto pensaba que sólo viviría un año más tras su renuncia. «Al contrario de lo que pensaba, ha vivido hasta una edad avanzada. Estaba convencido de que, tras su dimisión, el Buen Dios le concedería sólo un año más. Probablemente, nadie se sorprendió más que él al ver que este “un año más” resultó ser bastantes años más«, explica. Fueron casi diez años más.

«Hacia el final estaba físicamente muy débil, muy frágil, por supuesto, pero —gracias a Dios— su mente estaba tan clara como siempre. Lo que le dolía era ver que su voz se volvía más baja y más débil. Toda su vida había dependido del uso de su voz, y esta herramienta se había perdido gradualmente para él. Pero su mente siempre estaba clara, estaba sereno, y nosotros, los que siempre estábamos a su alrededor, los que vivíamos con él, podíamos sentir que estaba en la recta final».

Gänswein detalla que nunca habló de miedo a morir. «Hablaba siempre del Señor, de su esperanza de que, cuando por fin se presentara ante él, le mostraría mansedumbre y misericordia, sabiendo, por supuesto, de sus debilidades y de sus pecados, de su vida. … Pero, como decía San Juan: Dios es más grande que nuestro corazón». 

Dulzura y siempre compostura

«Lo que siempre me impresionó, e incluso me sorprendió, fue su dulzura; lo sereno y jovial que era, incluso en situaciones muy agotadoras, muy exigentes y, a veces, incluso muy tristes desde el punto de vista humano», detalla el arzobispo.

«Nunca perdió la compostura; nunca perdía los estribos. Al contrario: cuanto más lo desafiaban, más callado y pobre en palabras se volvía. Pero esto tuvo efectos muy buenos y benévolos en quienes lo rodeaban.

«Sin embargo, no estaba acostumbrado a las grandes multitudes. Por supuesto, como profesor, estaba acostumbrado a hablar frente a una audiencia grande, incluso muy grande, de estudiantes. Pero ese era él como profesor hablando a los estudiantes. Después, como Papa, todos estos encuentros con personas de diferentes países, su alegría y entusiasmo, fueron, por supuesto, una experiencia muy diferente. Tuvo que acostumbrarse».

Gänswein recuerda una reunión siendo Ratzinger prefecto de Doctrina de la Fe, con muchos clérigos italianos que hablaban muy rápido, fuerte y gesticulando, incluso airados, con la ventaja de usar su idioma nativo. Ratzinger buscó pasar del tono al contenido. «Simplemente dijo: “Los argumentos son convincentes o no son convincentes; el tono puede ser molesto o útil. Sugiero que nos ayudemos a bajar el tono y fortalecer los argumentos”».

El reto de ser Pontífice

«Lo último que deseaba era convertirse en Papa a la edad de 78 años. Pero cuando se convirtió en Papa, lo abrazó, lo vio como la voluntad de Dios y asumió esta tarea. Hubo una inseguridad inicial, momentánea: las cámaras de televisión y los fotógrafos estaban por todas partes, y ya no era posible una vida privada, una vida normal. Pero pude sentir como él, simplemente, se ponía en esta situación, confiando firmemente en la ayuda de Dios, que le daría los dones que le faltaban y ahora necesitaba; confiando en que con sus dones naturales, pero también con la ayuda de Dios».

El legado que deja: encíclicas y libros populares

Benedicto publicó 3 encíclicas, y la mayor parte de una cuarta, Lumen Fidei, que terminó el Papa Francisco. Gänswein cree que de todas sus encíclicas la que «ganará la carrera» y tendrá más recorrido es «Spe Salvi», sobre la esperanza, que también, confiesa, es la que a él, Gänswein, le ha alimentado más espiritualmente.

También cree que quedará con gran influencia su «Trilogía de Jesús«, publicada ya como Papa. «Originalmente, se suponía que era solo un volumen. Lo comenzó cuando era cardenal y terminó el primer volumen como Papa. Y pensó que el Buen Dios sólo le daría fuerzas suficientes para el primer libro».

«Le duraron las fuerzas , empezó el segundo volumen, y así sucesivamente. Estos tres volúmenes contienen todo su ser personal como sacerdote, obispo, cardenal y papa, pero también toda su investigación teológica, toda su vida de oración, en una forma que, gracias a Dios, se puede comprender fácilmente; una forma que está escrita al más alto nivel académico, pero que será también, para los fieles, su testimonio personal duradero».

Gänswein cree que la clave del libro sobre Jesús es entender que Jesús sigue vivo. «Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto, no minimiza, quita ni salta nada de lo que la Iglesia profesa en cuanto a la fe. Y eso, para mí, es algo que queda. El primer volumen lo he leído varias veces, lo he leído una y otra vez para acompañar ciertas temporadas de mi vida. Solo puedo recomendarlo; es muy útil, un verdadero alimento espiritual».

«Era rápido en detectar problemas»

Llegó al papado sin un programa porque veía que «los eventos se movían a una velocidad sin precedentes, incluso en situaciones difíciles. Y poder adaptarse a eso fue sin duda una de sus mayores fortalezas. Era rápido en detectar problemas y sabía que había que responderlos con una respuesta de fe«, detalla Gänswein. Se apoyó mucho en su don de la palabra, con la que «podía inspirar a la gente y llenar sus corazones».

Veía, además, que el mayor reto era el relativismo. «El relativismo al final dice: “La verdad que proclamas está en contra de la tolerancia. No toleras otras convicciones, es decir, dentro del cristianismo, en lo que se refiere a la cuestión del ecumenismo, no toleras otras religiones, las piensas poco”. Y eso no es cierto, por supuesto. Tolerancia significa que tomo en serio a cada uno en su fe, en sus convicciones, y las acepto. Pero eso no significa que simplemente devalúe mi propia fe: la fe de la que estoy convencido, la fe que he recibido para transmitirla. ¡Todo lo contrario!»

La lucha contra los abusos

Antes de ser Papa, ya tuvo que enfrentar temas de abusos sexuales por consultas que llegaba de Estados Unidos a Doctrina de la Fe. «Yo ya había servido en la Congregación para la Doctrina de la Fe durante dos años, por lo que recuerdo muy bien cómo abordó esto y también cómo tuvo que vencer una cierta resistencia desde adentro. No fue fácil, pero manejó muy bien este desafío, y de una manera decidida y valiente, que luego le sería útil en su pontificado».

Recientemente, ya muy anciano, salieron denuncias sobre su época de arzobispo de Múnich. Gänswein responde: «Cuando fue acusado personalmente de manejar mal los casos de abuso sexual durante su tiempo como arzobispo de Munich y Freising, de 1977 a 1982, realmente fue una sorpresa para él. Se le preguntó si aceptaría responder preguntas sobre la investigación, que revisó la gestión de una sucesión de arzobispos, desde el cardenal [Michael von] Faulhaber hasta el arzobispo actual. Y él dijo: «Me apunto, no tengo nada que ocultar»».

«Nos enviaron muchas preguntas y él las respondió. Sabía que no había hecho nada malo. Dijo todo lo que pudo recordar; todo está en el informe. Durante la redacción de nuestra declaración, cometimos un pequeño error: no fue un error por parte del Papa Benedicto, sino un descuido de uno de nuestros colaboradores, quien inmediatamente se disculpó con él (Benedicto). Dijo que fue su error, que se equivocó de fecha en cuanto a la presencia o ausencia en una reunión. Fue inmediatamente publicado e inmediatamente corregido. Pero la narrativa de que el Papa había mentido, lamentablemente permaneció. Y eso fue lo único que realmente lo impactó: que lo llamaran mentiroso».

«Luego escribió una carta personal. Dijo que esta sería la última palabra sobre el asunto, y que, después de esa carta, ya no comentaría más. Quien no le cree o no quiere creerle, no tiene porque hacerlo. Pero quien mire los hechos con honestidad y sin prejuicios, tiene que decir: La acusación de ser un mentiroso es simplemente falsa. ¡Y es infame! Fue una acusación que realmente lo conmocionó. Sobre todo porque venía de un lado que no destaca precisamente por hacer grandes cosas en el ámbito moral, sino todo lo contrario».

Satisfecho por lo que logró hacer

Gänswein constata que Benedicto se sentía satisfecho de las cosas que había decidido hacer y había conseguido. «Decidió dedicar su vida al sacerdocio. Su primera vocación, su primer amor, fue la enseñanza, por supuesto. Y por eso se convirtió en profesor. Era simplemente su destino. Y luego se convirtió en obispo, y finalmente vino a Roma. Todo estaba en consonancia con su naturaleza, su estructura intelectual. Que se convirtiera en Papa era, como ya dije, lo último que esperaba o deseaba. Pero él lo aceptó, y en todas sus tareas, por lo que pude ver, estaba realmente realizado y dispuesto a darlo todo».

«Noté que dio algo de sí mismo, dio lo que era más importante para él. Lo que estaba transmitiendo no era algo que hubiera recogido en alguna parte alguna vez: estaba transmitiendo algo de sí mismo, algo que provenía de su propia vida, su honestidad intelectual, su fe. Volviendo a la imagen de la chispa: para hacerla salpicar y encender un fuego».

El día que Gänswein desesperó

Un día, ya con Benedicto XVI como emérito, Gänswein estalló por un asunto que le desesperaba sobre la Iglesia. “¡Santo Padre, esto no puede ser! ¡No puedo con eso! ¡La Iglesia corre contra una pared de ladrillos! No sé: ¿el Señor está dormido, no está allí? ¿Que está pasando?» Y él dijo: “Tú conoces un poco el Evangelio, ¿no? El Señor estaba dormido en la barca en el Mar de Galilea, según cuenta la historia. Los discípulos tenían miedo, venía una tormenta, venían olas. Y lo despertaron porque no sabían qué hacer. Y él simplemente dijo: ‘¿Qué está pasando?’ Jesús solo tuvo que dirigirle unas pocas palabras a la tempestad, para dejar claro que él es el Señor, incluso sobre el tiempo y las tempestades”. Y entonces Benedicto me dijo: “¡Mira, el Señor no duerme! Entonces, si, incluso en su presencia, los discípulos tenían miedo, es bastante normal que los discípulos de hoy puedan tener miedo, aquí y allá. Pero nunca olvides una cosa: Él está aquí y permanece aquí«.

Gänswein recuerda también que en circunstancias muy difíciles, el Papa intentaba aportar «una pizca de humor» para “desintoxicar” las cosas.

Entrevista de la EWTN con Georg Gänswein, realizada 40 días antes de la muerte del Papa, en alemán e ingles.

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