Los tres regalos que pidió por Navidad el niño Ratzinger… y «la risa de felicidad» por un peluche

adminenero 3, 20238min250
logo_2020.png

Cuando el pasado uno de enero el mundo vio las primeras imágenes del cuerpo sin vida de Benedicto XVI en su residencia de Mater Eclessiae… hubo un par de detalles, no muy habituales en un contexto como aquel, que llamaron la atención. Flanqueando el altar de la capilla del monasterio se encontraba el árbol de Navidad y un nacimiento. Algo, probablemente, pensado por el propio emérito: un enamorado de las fiestas navideñas, como buen alemán.

Fue precisamente en una Navidad, la de 1934, con solo siete años, cuando el futuro Papa escribió una carta muy especial pidiendo tres regalos al Niño Jesús.

Encontrada en 2012, en la casa de la familia Ratzinger en Baviera, la carta fue conservada por María, la hermana del Papa, ya fallecida. Este valioso documento se conserva en la casa-museo del municipio del sudeste alemán de Marktl am Inn.

Así rezaba la carta del niño Joseph:

«Querido Niño Jesús, pronto descenderás a la tierra. Quieres traer alegría a los niños. También a mí me traerás alegría. Quisiera el Volks-Schott, una casulla verde y un Corazón de Jesús. Siempre quiero ser bueno. Saludos de Joseph Ratzinger».

carta benedicto

La carta está escrita en caligrafía gótica manuscrita, que empezó a caer en desuso a mediados del siglo XX.

En la carta, escrita en Sütterlin, antigua caligrafía alemana que ya no se utiliza, el futuro Papa pide a Jesús un Volks-Schott («Misal del pueblo»), misal alemán que se usaba en 1934. Un misal con dos columnas, una en alemán y otra en latín. Una petición que reflejaba una curiosa y piadosa diversión del pequeño Joseph.

Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI, ya fallecido, siempre recordaba cómo jugaba con Joseph: «Los dos hacíamos el pesebre juntos, y luego entre los juegos más frecuentes estaban los juegos espirituales, lo llamábamos el ‘juego del párroco‘ y lo hacíamos los dos, nuestra hermana no participaba». 

Amor a la liturgia 

Los hermanos, ya desde niños, «celebraban» misa o, visto desde ahora, «practicaban» para ser párrocos. «Recreábamos misas con casullas confeccionadas por la costurera de nuestra madre solo para nosotros. A veces yo era el sacerdote o el monaguillo. Desde muy pequeños vivimos con amor la liturgia y esto continuó paulatinamente en el seminario».

hermanosratzinger

Georg Ratzinger, que se ordenó junto a su hermano en 1951, falleció en Alemania en julio de 2020, poco después de recibir la visita de su hermano Joseph. 

«El Papa se ha alegrado mucho de descubrir la carta y su contenido le ha hecho sonreír», comentó Georg Gaenswein, secretario personal del Papa emérito, después de comunicar el hallazgo de la carta a Benedicto XVI.

Sin embargo, las anécdotas del difunto Papa con la Navidad no se detienen ahí. Como contaba el hermano de Benedicto XVI en un libro titulado Mi hermano, el Papa, un día Joseph, junto a sus hermanos María y Georg, acudieron a una tienda de su Marktl am Inn natal para ver qué regalos querían pedir por Navidad.

Joseph vio un osito de peluche y le cogió mucho cariño. Cuando unos días después regresaron al establecimiento para ver de nuevo a Teddy, este ya no estaba. «Mi hermano lloró amargamente; intentamos consolarlo pero estaba muy triste», recuerda Georg.

familiarat

Familia Ratzinger: Georg (de pie, a la izquierda), Joseph (de pie, a la derecha), María (sentada, a la izquierda), la madre María (sentada, en medio) y el padre Joseph (sentado a la derecha).

Todo se solucionó cuando llegó la hora de abrir los regalos unos días después. «Joseph entró en la sala festivamente adornada con el árbol de Navidad, se echó a reír de felicidad: en medio de los regalos para los niños estaba el osito de peluche, ocupando el espacio que correspondía a mi hermano. El Niño Jesús se lo había traído. Este hecho le deparó la alegría más grande de su niñez».

Georg comenta en el libro que Joseph no siempre pedía regalos de corte religioso. Como le gustaban mucho los animales, solía recibir también peluches: un caballo, un pato, un perro… y también un tren. «No recibíamos grandes regalos, sino sobre todo cosas que necesitábamos, por ejemplo ropa, calcetines que mamá tejía para nosotros, gorros, o lo que en ese momento nos faltara», recuerda.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *