Ella, budista; él, español ateo rebotado con la fe; flechazo en un retiro budista, y luego, Hakuna

adminenero 20, 202316min130
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Cuando Javier y Ping rememoran su historia en el plató de EWTN, no son pocas las veces en que se ríen y sorprenden del particular «sentido del humor de la Providencia».

Javier dejó un tibio catolicismo por el protestantismo, después «se rebotó» y negó a Dios en un proyecto de libro agnóstico. Más adelante, conoció a Ping en un retiro budista en Tailandia. Recientemente han detallado en el programa Católicos con Mensaje el curioso camino que les llevó del lejano a Oriente budista al Madrid de Hakuna y, con ella, a la fe y su próximo matrimonio.

En conversación con José Carlos González-Hurtado, presidente de EWTN España, el arquitecto y fundador de la FinTech Starpay, Javier Castrillo recuerda que su primera comunión no fue nada habitual. Fue un catecúmeno «autodidacta», recibió la Eucaristía sin que nadie lo supiera a los 11 años en España y tardó más de tres décadas en volver a recibir una catequesis… para su regreso a la fe.

Lo cierto es que su familia no le puso fácil la práctica religiosa. Con su madre -bautizada no practicante- y un padre agnóstico, tan solo contaba con el apoyo espiritual de su abuela, por lo que faltar a Misa no era motivo de preocupación para sus padres.

Por eso, cuando se fue a vivir a Pensilvania durante su adolescencia y se encontró con una familia de acogida fervientemente evangélica, albergó casi de inmediato una gran curiosidad y atracción por esta doctrina.

«Empecé a sentir a Dios cerca, a entrar en el mundo evangélico y cuando volví a España, encontré una iglesia evangélica a la que ir», explica.

De estudiar teología a la «rebelión» contra la fe

La pérdida de su padre cuando tenía 18 años terminó por atarle a las doctrinas evangélicas, que se propuso predicar como pastor una vez concluidos sus estudios teológicos. 

No los terminó, porque antes se distanció de Dios y rechazó por completo todo tipo de fe. Quiso diseñar «un sistema lógico en el que Dios no existía».

Tenía 24 años cuando comenzó esa «rebelión» contra la fe que le llevó incluso a empezar a escribir un libro, El baúl de los dioses muertos, donde explicaba por qué en su opinión Dios no podía existir en un mundo donde para él debía reinar «la lógica».

Alejado de toda práctica religiosa y concluidos sus estudios en Arquitectura, el estudio para el que trabajaba le destino a China, «el lugar menos lógico del mundo», donde permanecería 15 años.

Tras año y medio de estancia, Javier dejó su estudio de arquitectura y se propuso con éxito emprender en uno propio, que levantó con Manuel de Cominges, socio recién conocido y devoto católico del que asegura que Dios puso en su camino, pues «siempre plantó la semilla [de la fe] dejando a Dios decidir cómo quería que esta creciese».

Javier y Manuel pasaban largas horas de viajes en la Asia profunda hablando sobre la fe con frecuentes propuestas para ir a Misa. «Siempre decía que no, pero muchas veces entraba a mitad de Misa y me quedaba atrás… Tenía algo que me picaba y no sabía qué era», admite el converso.

Un agnóstico español en un retiro budista tailandés

Su interés espiritual no desapareció por completo. Solo así se explica su presencia en un retiro de meditación budista en Tailandia, donde conoció a la que hoy es su prometida, Ping.

«Nos conocimos en un encuentro de meditación budista de diez días en silencio donde hombres y mujeres estaban separados», explica ella.

En seis meses, Ping decidió mudarse a China, cerca de Javier. Era 2016, pero conforme pasaban las semanas ambos fueron conscientes de que ese «no era el entorno donde nadie quiere pasar el resto de su vida».

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Javier y Ping se conocieron en un retiro de meditación budista de Tailandia antes de mudarse a España.  

«Si nos quedábamos más tiempo, nuestros valores se iban a destruir porque no teníamos un entorno social con los mismos criterios. Necesitábamos irnos y desde el primer momento supe que España era el lugar adecuado«, explica Ping.

No había transcurrido un mes desde su aterrizaje en Madrid cuando, una vez más, Cominges les invitó a una particular Hora Santa de Madrid organizada por Hakuna.

Hacia una Hora Santa de Hakuna: «¿Qué es eso?»

«No teníamos ni idea de qué era eso. Le dijimos que sí. Yo siempre he tenido ganas de conocer cosas distintas, algo exóticas. Nos había hablado alguna vez de Hakuna y aparecimos en su casa, con el coro practicando en ella. Nos encaminábamos a nuestra primera Hora Santa», menciona Javier.

Para el arquitecto, la experiencia fue tumbativa desde los primeros segundos. Él afirma que  iba «a conocer una nueva forma de hacer Misa», cuando comenzó una charla sobre el padrenuestro. «Me desarmó. Duré como cinco minutos y ya estaba dando gracias a Dios, llorando como un niño. Esa Hora Santa fue Dios respondiendo pregunta por pregunta todo lo que yo había estado criticando», admite.

Todo, incluso las conversaciones más espontáneas, parecían ofrecer a Javier las respuestas a preguntas concretas que llevaba una vida cuestionándose: «Fue un encuentro maravilloso. Fue como volver y encontrar al Padre con los brazos abiertos«.

La experiencia fue más drástica si cabe en el caso de Ping.

«Algo me tocó. Sentí muy dentro de mi corazón un amor que no sé cómo explicar. Estaba oscuro y no sabía lo que era. Era algo tan extraño… e inmensamente maravilloso. Entonces sentí que en ese momento había sido completamente transformada mientras lloraba y lloraba de amor, por sentirme amada», comenta entre lágrimas.

Entre Dios y lágrimas: «¿También te ha pasado a tí?»

Lo que todavía hoy, años después, sigue sorprendiendo a los prometidos, no es solo que ambos sufriesen semejante experiencia en el mismo momento y lugar, sino especialmente cómo lo vivió Ping, pues no había tenido ningún contacto con la fe anteriormente: «Estábamos asombrados. Cada uno tuvo una experiencia muy fuerte aunque diferente, que estábamos intentando entender. Nos miramos y nos preguntamos: `¿También a ti te ha pasado?´».

«Ludi [una conocida de la adoración] me preguntó si sabía qué había pasado y yo le respondía que no. Ella dijo que había sido el Espíritu Santo y yo le pregunté: `¿Qué es el Espíritu Santo?´«, añade Ping.

Desde entonces, incide, no tiene una explicación racional a lo sucedido. Solo sabe que cada vez que acude a una Hora Santa, a una Misa o a una conversación sobre Dios, estalla en lágrimas, como se aprecia en la entrevista.

Para Javier tampoco es fácil de explicar. Especialmente cómo viniendo del evangelismo, para quienes la Hostia consagrada no es más que un «trozo de pan», aquella adoración le hizo llorar. «Yo no sabía qué era el Santísimo, no creía en la Presencia Real. ¿Por qué me había hecho eso llorar? No nos lo cuestionamos. Es nuestra nueva vida, es Dios que nos ha acogido otra vez y no veo que tendríamos que cuestionarnos», menciona.

Una respuesta a Dios y el sacramento: «Diríamos siempre sí»

Acompañados por personas «que Dios nos ponía cerca», Javier y Ping comenzaron emocionados, él de nuevo y ella por primera vez, sus primeros pasos en la fe.

«Me gustaba cuando algún sacerdote le hablaba a ella de Dios, porque iba aprendiendo poco a poco. En las catequesis, ella decía que estaban dando en el clavo y se preguntaba cómo lo sabían», explica. Para ella, la doctrina que recibía «era la confirmación de lo que había estado viviendo» los últimos meses.  

Javier y Ping estaban en uno de los Hakuna all meeting -los encuentros de Hakuna en Roma- cuando tomaron una decisión, «que cada vez que alguien nos dijese si iríamos a una Misa, una Hora Santa o un retiro, diríamos siempre que sí, porque `el regalazo´ estaba siempre ahí».

Si para Ping el momento decisivo fue su bautismo por José Pedro Manglano -el fundador de Hakuna- con el nombre cristiano María del Socorro en septiembre de 2019, -Santa María de Cervelló-, para Javier lo fue su confesión a raíz de un antiguo crucifijo familiar «con la lanzada `en el lado equivocado´».

«En mi cabeza protestante no cabía la confesión como algo que le contabas a un sacerdote, pero fui. Fui al sacerdote y simplemente dije: `Dios lo sabe, porque le estuve pidiendo perdón por la lanza que le había clavado. Fue la primera confesión en toda mi vida. Fue como sentirme limpio y saber que Jesús te ha limpiado de todo», concluye Javier.

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