La catalana María Branyas, la nueva «persona más vieja» del mundo, recuerda su trato con una santa

adminenero 20, 202312min150
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Al morir esta semana en Francia la Hermana André (de nombre civil Lucile Randon), que estaba a punto de cumplir 119 años, el título de persona más anciana del mundo no pasa a ninguna lejana centenaria oriental, sino que lo ostenta la catalana Maria Branyas Morera, nacida en 1907, que vive en Olot, en una residencia de las Religiosas de San José de Gerona, instituto fundado por la Venerable María Gay Tibau en 1870. Lleva allí 22 años y la residencia considera un honor cuidarla.

La señora Branyas tiene 115 años… y una cuenta activa en Twitter (SuperAviaCatalana) que mantienen sus familiares, donde cuenta sus aficiones e historias del pasado.

Ha concedido algunas entrevistas. Uno de sus méritos únicos es haberse contagiado de Covid-19 sin morir con 113 años: es la persona más anciana que ha sobrevivido al coronavirus.

En una entrevista en 2019 hablaba de sus recuerdos siendo niña de 7 años en un barco en plena Primera Guerra Mundial.

Ella nació el 4 de abril de 1907 en San Francisco, California. Su padre era un periodista de Pamplona, su madre barcelonesa. La familia vivió un tiempo en Nueva Orleans. Luego volvió a España desde América en 1914, en plena guerra mundial. «Llegamos en barco. A causa de la guerra, Alemania atacaba el norte y no podías atravesar los mares nórdicos y tuvimos que ir por Azores y Cuba», explicó. «En 1914 yo ya estaba algo consciente».

Poco después, murió su padre cuando ella tenía solo 8 años. Vivió en Bañolas hasta 1931, cuando se casó, a los 24 años, con Joan Moret, un médico de Llagostera. Con él fue a vivir a Gerona. Enviudó hace ya 40 años. Tuvieron tres hijos. A uno ya le ha sobrevivido.

Maria Branyas, de niña

Maria Branyas ha tenido varios perros

Durante años disfrutó tocando el piano (Ravel, tangos, cuplés, hasta los 108 años). Le acompañaron a lo largo de su vida varios perros, que echa de menos.

Sobre la muerte escribía hace unos meses: “Es la visita esperada. Hace tiempo que estoy preparada y pienso que pronto vendrá a por mí”.

Trucos: comer poco, de todo, nunca enferma, your, tranquilidad…

Los que buscan trucos para vivir más, repasan su cuenta de Twitter. «Siempre he comido poco, pero de todo, nunca me he puesto a régimen”, publica. “No he sufrido nunca ninguna enfermedad ni he pasado por un quirófano”, añade.

También admite que en eso de vivir muchos años influye la “suerte”, “tener una buena genética”, llevar una vida tranquila, estar conectada con amigos y familias y vivir «sin preocupaciones, sin remordimientos». También dice que le ayuda el yogur natural La Fageda, que le gusta.

Recuerdos de hace cien años

En noviembre de 2022, cuando el Papa Francisco reconoció las virtudes en grado heroico de Magdalena Aulina (1897-1956), ella quiso publicar en su cuenta de Twitter su relación con la nueva Venerable, fundadora de las Operarias Parroquiales, a la que recuerda de 1924… ¡hace cien años!

«‘Maria, ¿usted conoció a Magdalena Aulina?’ Sí, la conocí personalmente. Sólo nos llevábamos 10 años. En Bañolas se hablaba mucho de una chica joven que ayudaba a un sector de la población que vivía en malas condiciones, en viviendas poco higiénicas y con los hijos sin escolarizar», explicaba la anciana en noviembre, a través de la cuenta que llevan sus parientes.

La Venerable Magdalena Aulina en sus charlas a jóvenes de 1922 en Bañolas; es el origen de las Operarias Parroquiales. Pilar, la tía de Maria, formó parte de aquel núcleo inicial.

magdalena_banyoles_1922

«En aquella época sus habitantes eran sobre todo payeses, jornaleros y artesanos, gente de pocos recursos. Era un barrio muy pobre. Conocí a Magdalena a través de mi tía Pilar, la hermana de mi madre, que formaba parte de un grupo de voluntarias que iban cada tarde a ayudarla en sus actividades apostólicas y de alfabetización de chicas trabajadoras sin escolarizar. En aquella época, 1924, había mucho absentismo escolar, sobre todo en ámbito femenino», detalla.

«Con mi amiga Conxita íbamos todos los domingos por la mañana a escuchar las conferencias de Magdalena. Era una mujer singular, de gran personalidad. Tenía las ideas muy claras y hablaba muy bien. Cada día aumentaba el número de personas que colaboraban con ella, tanto a nivel personal como con ayudas y aportaciones económicas. Muchas familias ricas que venían a veranear al Balneario de la Puda le daban dinero. Con esas ayudas impulsó la construcción de la iglesia de la Sagrada Familia en la plaza de las Rodes, y compró distintos locales», añade.

«Cuando me casé, en 1931, fui a vivir a Gerona y las noticias de Magdalena Aulina se redujeron a lo que mi madre me explicaba cuando la visitaba en Bañolas. Un día me dijo que la tía Pilar había cogido todas sus joyas y se había ido a vivir con Magdalena. En uno de los locales que tenía, ella y otras chicas que compartían su ideal de vida empezaron a vivir en comunidad. Fue el inicio del Instituto Secular de Operarias Parroquiales», recuerda.

Era una iniciativa compleja, porque consistía en un grupo de «señoritas consagradas a Dios» que no tenían regla de vida ni vestían hábito. «En Gerona se habló mucho de la incomprensión del obispo Cartañà, que le llevó a un enfrentamiento particular con Magdalena Aulina», añade.

Se murió el cura el día de su boda

Otra experiencia que cuenta fue su accidentada boda en el santuario de los Ángeles, en la cima del Puig Alt, de unos 500 metros de altura. De niña lo veía cuando jugaba «entre riegos y huertas». Un día, paseando con su novio, le dijo: «Mira, nos casaremos allá». Un amigo de él preparó la ceremonia y autorizaciones hablando con un cura amigo de la familia.

Boda de Maria Branyas en 1931

«Ni Joan ni yo habíamos estado nunca en el Santuario de los Ángeles, pero sabíamos que habían abierto recientemente una carretera desde Gerona. En aquella época debía haber unos 50 coches en toda la provincia de Gerona, 7 en Bañolas».

Subieron los dos juntos en el coche «para evitar que se retrasara la novia». La boda era a las doce, pero pasaban las horas y no llegaba el cura. Hasta que llegó un señor avisando que el cura no podía venir porque se había muerto.

«No había teléfono. Un coche tuvo que bajar hasta Gerona a buscar un cura disponible y una nueva autorización del obispado. También hubo que avisar al restaurante que la comida sería una cena. La boda de las doce se hizo a las 7 de la tarde. Con los invitados, una treintena, pasábamos el rato contemplando el magnífico panorama», recuerda.

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